lunes, 31 de julio de 2023

Terrenales Infiernos (2019)

Desde antes de que tormentosos mares dividieran aquellas tierras reverdecidas había un error en todo aquello, una imperfección que iba a mantener los arboles lejos de los abismos, un despropósito en el viento, en las aves, si hubiera hombres habitando aquellas tierras lo habrían llamado destino.
Pero no había tales, la humanidad no podía encontrarle porque había un error en todo aquello y los cantos de los hombres un día podrían lograr muchas cosas -conquistar los cielos- pero no internarse en los abismos aquellos, donde las estrellas brillaban en medio de una noche perpetua, donde las nieves decembrinas se derretían en cristalinos lagos -pero la frialdad invernal prevalecía de todos modos-.
Ese abismo no nació para que le habitaran sino para inspirar cantos lejanos que una vez produjeron ecos en su inmensidad -con el tiempo acabó gobernandole un infranqueable silencio-.
Algo rompía su silencio, algo que desde abajo lo trepaba, se deslizaba por entre filosas piedras, le veía y con su mirada le dotaba de existencia, por su pálida espalda escurrían restos de alas, de su preciosa frente brotaban formidables cuernos.
Ese abismo no era para los hombres, era el Cocito Terrestre para un precioso demonio que las artes humanas comprender no podían, que la razón podría devorarles entera, cuya sonrisa en medio de una perpetua y oscura noche bajo unos profundos ojos oscuros brillaba.
Los cantos de los hombres podrían lograr muchas cosas pero no internarse en abismos aquellos.

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