Los ríos y riachuelos por igual tienen -a veces lejos del mar y a veces cerca- sus pantanosas cienagas que no siempre guardan muertos...guardan siempre ranas eso si, comunidades enteras que pueden saciarse con infinitos zancudos que podrían acabar con la sangre de un hombre en minutos...entre los nenufares y los lirios hay pequeñas casitas con subacuaticos sotanos y ranas, ranitas y renacuajos que las habitan, las desbordan, a veces hasta las destruyen.
Como toda comunidad que se respete cuentan leyendas y sus mesias son ranas azules, rojas o amarillas que al inmolarse por sus pueblos se llevaron consigo a monstruosos caimanes...
Como toda comunidad los acechan también monstruos de pesadilla, sombras negras, grandes, veloces entre los matorrales, de terribles hocicos e impredecibles movimientos y horribles graznidos, de ojos inyectados de terror, cuando las ranitas han sido traviesas los sapos y ranas viejas les cuentan; les cuentan de cuando hubo enormes ranas que peleaban al lado de los hombres pero también de aquellas aves que están esperando, esperando detrás de todos los troncos viejos aunque solo habiten en algunos lares...mirando sin moverse, dejando que el viento les meza las plumas escondiendo su olor de sus pequeñas presas...para llevarse en un bocado más de una, más de dos ranitas indefensas y triturarlas en un movimiento antes de atacar esperando más y más presas.
Las ranitas le temen a esa idea por supuesto...pero también los sapos y ranas viejos que ya no tienen el tamaño de pelear a lado de los hombres y portar sus filosas espadas...
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