Las gotas de lluvia golpearon fuertemente los vidrios de la ventana, en medio de la oscuridad crearon un ambiente, había quien podría haber adivinado el espacio interno y externo y hacerse una clara imagen de su entorno a través de su contante caída. Ella no era ese alguien, pero tenía su propio set de habilidades que le hacían destacar aún en un mundo cubierto de aquellos demidioses.
Y es que si había un hombre trepando las paredes allá afuera -afuera en otra ciudad, en otro país pero afuera al fin- era de esperarse que los dioses siguieran apareciendo aquí y allá, cobrando formas extrañas.
“Mas héroes que resignifican los mitos y nos permiten seguir creyendo en nuestro mayor potencial dentro de la cotidianidad que dioses reales que otra cosa.” se argumentaba ella misma mientras dejaba que la lluvia la despertase.
Había algo extraño en la caída de agua, se dio cuenta al seguir prestandole atención, estaba cayendo dentro, abajo, del otro lado del pasillo en la sala.
“Maldición” se interrumpió sus pensamientos más profundos mientras se apresuraba a ponerse sandalias metiendo los pies para no golpearse los meñiques.
Esa era su costumbre convertida en habilidad adicional, no había sentido ese terrible dolor en años.
Al llegar a la sala se asustó, emitió un comprensible grito, una silueta oscura estaba sentada en su sillón, era oscura pero a su vez emitía una luz propia.
Sonrió asustado detrás de su cabello negro empapado y extendió sus manos en signo de paz.
“Buscaba ayuda, deseé con todas mis fuerzas alguien que pudiera ayudarme y llegué aquí, transportado desde la tormenta en que aparecí a este sitio, lamento lo que le ha pasado a tu piso, me encargaré de ello”.
¿Estaba moviendo los labios o simplemente estaba escuchando una voz que no provenía de cuerdas vocales algunas?
Como si quisiera confirmar su historia se desapareció del sillón para aparecerse a lado de la puerta y luego regresar.
“Era uno de aquellos” pensó ella “Eres uno de ellos” le permitió a su boca expresar su novedoso descubrimiento.
“Eso depende de a cual de ellos te refieras” contesto la silueta, continuó hablando como sin nada a una vieja amiga.
“No se acabaron los planetas para ponerles nombres de Dioses, tampoco se acabaron los dioses para nombrarlos, si los tuyos decidieron conformarse con nombrarlos con codígos fue más desde la soberbia de haber trascendido a sus viejas deidades que por el hecho de que dejásemos de existir”.
Claro que eso ella lo sabía, era confortante escucharlo de nuevo en otro lado, eso sí.
“De hecho, mientras la mayoría de ustedes nos niegan -sus razones tendrán- otros tantos siguen conjurandonos, conozco a una entidad que fue conjurada por los rezos desesperados del otro lado del mundo, luce exactamente como una de ustedes pero es una de nosotros para un determinado panteón”. se detuvo un instante. “Eso no nos interesa ahora, salvo porque alguien me conjuro a mi, alguien me rezó con suficiente fuerza, alguien o algunos...aparecí bajo una lluvia distinta, cerca de un gran complejo emparedado de débiles cristales al que azotaba la tormenta, supe lo que era, sería difícil no adivinarlo pero no entendí mi propósito.
“¿Puede un Dios darse propósito a si mismo o es algo que solo los humanos transitan?” se preguntaron los dos al mismo tiempo.
“Mis poderes existen y tendré que darles algún uso, de modo que los usé para buscar a alguien que pudiera resolver con premura mi predicamento.
“Y es que si, el mundo esta en medio de un predicamento si hemos conjurado a un Dios nuevo y no nos han bastado nuestros visitantes asgardianos” pensó ella mientras se llevaba una mano a la frente para analizar la descabellada situación frente a ella.
Aplaudió, las luces se prendieron bajo la tormenta, su colección de libros viejos y replicas antiguas apareció conjurada desde las sombras, también los libros nuevos, los que ella había deseado a la existencia.
“Pues...ehm, si, supongo que puedo ayudarte”
De todos modos no iba a conciliar el sueño en lo que quedase de noche.