-De la noche como salir?-Se preguntaba, cuando los amaneceres no eran sino una alarma para retroceder y pretenderse un personaje cualquiera.
Como huir de las sombras si las mañanas no eran marcadas mas que por los ruidos de despertadores, campanas, niños corriendo a la escuela, mas autos y susurros menos discretos cubriendose entre todo el caos sonoro de oidos indiscretos...todos los oidos indiscretos menos los suyos.
Pretendiendo no recordar, olvidando que era algo mas que un ejecutor de justicia, el problema es que esencialmente aun era mucho hombre, un peleador mas de la calle, de la corte. Y por el mismo no bastaba para resolver los crimenes que infestaran su barrio.
Colgando por los techos mal arreglados de una u otra calle aquel hombre se sumia en la verdadera oscuridad, sin importar cuantas cosas podía “mirar“ entre los ruidos nocturnos, caminando frente a los jueces humanos en pisos atascados de limpiador toda esperanza desaparecía, sus ojos miraban la risa cínica de un juez o un fiscal, sus puños habrían de borrarla mas tarde.
Pero siempre quedaba un ladronzuelo mas, un traficante huyendo entre alcantarillas, un padrote protegiendose en algún centro de policia corrupta.
Y lo cierto es que había aprendido a perder muy bien, en los techos bajo armas ninja, en la Iglesia bajo el mismisimo altar, en el manicomnio, en la mansión de los que creían tener controlado al mundo, en la botella de alcohol que se volvía arma suicida...tantas veces que no había porque creer que había ganado algo, alguna remota ocasión como fuera.
Al amanecer siempre quedaría un crimen no resuelto.
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