aquí hay tantos cliches japoneses como se pueden meter con un par de referencias muy especificas que quizá alguna pueda captar una y otra otra.
Era una visión digna de ser observada, aunque claro, si me permito ser honesto eso lo supe mucho antes de verla con esa yukata bajo la luz de los fuegos artificiales que mirábamos por debajo porque en realidad no podíamos observar a una altura adecuada; quizá allá lejos nuestra estimada y extraña compañera buscando entre la basura alcanzará a verlos tan de lejos que pareciera no se elevaban más alla de su rostro y le bastará su pulgar extendido para apagarlos.
Aquí la alumbraban a ella de todos los modos correctos, desearía que hubiera podido sonreir pero quizá eso no era lo suyo, quizá había visto aquellos fuegos artificiales tantas veces ya en sus sueños que le pareciera la repetición aburrida de un loop de tiempo fastidioso, volteo a verme y sonrió, quizá los fuegos artificiales estuvieran ahí pero no así yo; esa idea me lleno de un extraño orgullo el alma, quiero creer que le sonreí de vuelta porque se que nuestros momentos terminarían pronto, que el reloj en cierto modo nos condenaba a desaparecer el uno de la vida del otro cuando la luz purpura del amanecer apareciera en una ora dorada inversa que me alejaría por tren y barco y plano temporal y “suit movil” de la tranquilidad de sus ojos y de sus praderas.
Me prometí alimentar al pequeño gato parlante, actor a veces de nuestros proyectos escolares, renegado espíritu indomable otras tantas, quise creer que el cuidaría de ella y que la vería florecer donde yo no podía...
Deseaba que los años nos hubieran durado más, que el tiempo se hubiera detenido, que el loop de tiempo sin ser infinito no se limitara a sus ojos siempre soñando...pero también es cierto que en la escasez de nuestros días, en el límite de nuestros encuentros, la cuenta posible de nuestras palabras y de sus sonrisas había una magia que preservar podíamos.
Y preservarla era mi deseo en aquel festival de verano y todos los subsecuentes en que el mundo no bastaría para hallarnos de nuevo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario