miércoles, 19 de julio de 2023

365 (2) (2019)

Creo que en más de un modo esta es una forma de tributo al estilo de un hombre que escribe y ha sido publicado entre otras apariciones de su labor artística en el medio. y a quien en justa medida admiro. Podría ser también la única reflexión referente a aniversarios que por acá aparezca.

No habitamos el mundo que deberíamos, ya no digamos el que querríamos. Desviamos nuestro andar entre los multiversos todos, algunos antes, otros después.

No habitamos el universo que deberíamos es entonces el término correcto.

Flotamos en una inmensidad incomprensible de probabilidades, alejados eso si de algunas de las cosas que hallamos harto preciosas.

Nuestros recuerdos cual papel se ven dañados por el agua cósmica en que flota nuestra imperfecta existencia.

A veces un lago nos basta por mar, a veces no debiera ser más que eso. Las palabras aisladas, perdidas, arrojadas entre memorias que no se cuidaron lo suficiente son lo que nos queda a modo de memento.

No se si todos los hilos del tiempo se rompen desde dos sitios pero creería que es así. No se si la verdad debiera valer lo que vale pero en ciertos casos no me queda sino creer que si.

Solo se que este no debería ser nuestro universo, que los violines retumban un poco extraño en los oídos de los hombres de esta particular tierra, que los hilos están demasiado rotos y las hojas de papel escritas demasiado mojadas, que la tinta vertida originalmente en ellas se disuelve en los cuerpos de agua y luego volátil como polvo habita los vientos y se va en ellos, incapaz de escribir un solo capitulo más.

No se si yo elegí este universo, hay veces que me gusta creer que no lo hice, pero si hubiera culpa que arrojar sobre este cuerpo y el fantasma que habita el caparazón la aceptaría, se que traje a mi otras tantas cosas que hoy aún lastiman las gélidas palmas de mis manos y de ellas no reniego, no puedo.

Las sonrisas en parques olvidados en los que no forme ningún recuerdo propio pero participe en la resurrección de otros bien lo valieron, las palabras con la intención adecuada perdidas en los marismas de tiempo de la memoria de otros, de los que llegan, de aquellos cuyo mundo debemos salvar que nunca el nuestro...también esas quedan a ver que se hace con ellas.

Pero el mundo que queda, el universo erróneo al que trajimos todos nuestra existencia aún es nuestra responsabilidad más no nuestro derecho. Como por mi nadie queda solo me quedan las cargas y no los goces y no los derechos.

Este no es el universo que debiéramos habitar, ya no digamos el que quisiéramos con mejores dones y la correcta utilización de todos ellos.

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