La democracia se muere con un aplauso ensordecedor,
y el mundo con un ruido infructuoso.
Los muchos pelearon contra los pocos,
como ha pasado antes, con fines extraños.
A los hombres no los destruyó un factor externo como a otras especies antes.
Los hombres fueron factor externo para otros
y luego interno, luego a con ellos mismos.
Nadie quisó soltar un centimetro solo,
los que tenían mucho y los que casi nada tenían,
por supuesto en este conflicto tiene sentido
apoyar al que no lo tiene todo.
Pero nadie solto ni un poco, la presión quemo las manos de todos.
El lobo del hombre siempre fue el hombre, el ambicioso y el desesperado.
Acaso el hombre no entendía ni quería entender al otro hombre,
o quizá le comprendía muy bien y por eso le odiaba.
Al final no nos quedo nada y las grandes cosas y las obras bellas
fueron lo menos de un legado no grato.
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