No olvidaré el autobús alejándose bajo la primera lluvia del año,
su rostro medio perdido detrás de la 5ta sección de ventanas,
mirando directo más allá de mi, el sonido de lluvia y nieve brutal
como puede ser ahogando las palabras que pude tener para ella,
bloqueando aquello que gritó apenas arrancaba aquel motor estruendoso
que tampoco competía al espectáculo sonoro externo.
No olvidaré el autobús ni su rostro,
pero es posible que haya perdido ya los días que llevaron a la lluvia,
los vientos gélidos que nos llevaron a ese sitio del que no había regreso.
El caer de las gotas lastimando mi piel permanece,
pero debajo de ellas esta el eco en los vellos de mis brazos
de alguna caricia más que adecuada,
el olor de un perfume que hasta yo percibía.
Y bajo todo el ruido de la lluvia y la nieve...
no es su voz gritando lo que aparece
sino susurros de algún día lejano, con hojas de otoño cayendo.
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