Un poquito de Luna ha matado a más de uno, un poquito de Luna cuando falta hace caer en el despeñadero, cuando sobra alerta a ojos curiosos de la presencia que busca escapar bajo las sombras.
Un poquito de Luna pues no es algo que deba tomarse a la lígera, un tanto de Luna, brillando azulada y llena mucho menos.
Mi cuerpo se hallaba en deplorable estado, ajeno a las grandes ciudades, abandonado en el olvidado pueblo, lejos de todo, lejos de todos.
Había pasado buen tiempo sin incidentes, escondido en el sótano, alimentandome, escribiendo las ideas que ahogaban mis pensamientos.
Los días hace mucho habían perdido sentido, las noches las contaba porque tenía que ir alli abajo y encadenar mis piernas, todo fue en vano, por mucho tiempo no hubo luz de Luna que llegará a mi.
A su tiempo todo se vuelve aburrido, la tentación, la melancolía acaban por poderlo todo, por vencer las culpas y los arrepentimientos.
Si aquellos estúpidos franceses que conocí tiempo atrás en el viejo mundo cayeron por extrañar al sol, tiene sentido que yo extrañase la Luna, la Luna y lo que hacía de mi, el modo en que me permitía ver el mundo y oírlo, olerlo y sentirlo.
Teniendo aquello, los sentidos como los tuve alguna vez parecían la tenua visión de un mundo de sombras.
Bajo la luz de la Luna correcta yo juraba poder habitar el mundo de las ideas tal como lo describía Platón, convencido de que la caverna la habitaban los hombres simples.
Corriendo bajo la Luna, rastreando el dulce olor de la humana flor correcta.
Si tan solo pudiera conservar suficiente control, para acercarme sin que me viera solamente, cosa harto posible.
Para mirarle sin que sintiera, entre las sombras, cubierta harto viable.
Para no acercar mis brazos convertidos en terribles manazas amorfas.
Para no tratar de besarle con una boca transformada en infernal circulo de dientes.
Para escuchar sus gritos y suplicas en forma y no como aumentados ecos de suplicas ocurridas en otro tiempo.
Para que no hubiera culpas que expiar atado a un sotano por incontables Lunas llenas más hasta que la brillante y azulada correcta me hiciera olvidar de nuevo.
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