Cuando muy jovenes no vemos como se bifurcan los senderos y como las cosas caen inevitablemente.
Las tragedías de personas perdidas entre la cotidianidad no esta excenta en un mundo donde todos estamos conectados y a la vez distantes.
Cuando sonreimos en la juventud y nos arrojamos a las vacaciones dificilmente pensamos que es una última vez.
Las calles bastan para laberintos donde extraviamos nuestros rastros.
Y la red no basta.
Algunas cosas las perdemos sin saber como.
Esperando verles volver aunque eso no pasara.
Algunas cosas.
Algunos momentos y algunas personas.
Se quiebra un recuerdo entre la niebla de la ausencia.
Se desquebrajan los detalles, permanece el tono de una voz salvado del fuego.
Eso queda mientras pasan los trenes a las 5:45 y la mañana transcurre fuera de una puerta ornamentada.
Así se sonrie con lagrimas en los ojos...batallas perdidas.
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