Cuando joven me reí de la bondad decayente del mundo, con una risotada sorda y sincera a su modo, extraviado; de eso tiene ya mucho tiempo aunque bien es cierto que todo el tiempo de mi mundo no es sino un respiro en medio de ese tiempo permenente que corre y para el que los segundos son inconcebibles y los milenios se cuentan como respiros un tanto acelerados.
Pero para mi raza es mucho tiempo en que los andares pueden bifurcarse de modo notable y los senderos pueden perderse bajo lamparas vacias.
Tras aquellas risas en ciudades lejanas en las más altas y grises montañas no puedo esperar que todos me amaran, viajero extraño, algunos enemigos he ganado, aunque su nombre m{as veces que no me temo que ignoro.
Con todas aquellas risas insignificantes quehaceres de tardes grises de violenta diversión me pregunto por los amigos que tengo, los gigantes que me hablan y los habiles herreros.
Es cierto que al menos a aquellos no les he hecho mal alguno, aunque bienes tampoco he otorgado.
Hombre viejo y andante bajo los soles abrazadores y la luna negra.
Mi nombre aún y más verdaderamente que el de otro hombre más divino pero menos cierto esta escrito en el agua.
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