martes, 14 de febrero de 2023

unt. (2011)

Se han caído tormentas tantas desde aquel día que no alcanza mi boca para distinguir el sabor de cada una de ellas, tormentas de dolor, de sonrisa y tristeza, con el agua de estas podría haber inundado las costas y modificar así los modos en que vivimos, no se si para bien en cualquier caso.

Vino una mujer que traía el relampago y no era Tormenta en verdad, vino cambio todo y se fue. 

Cambio todo, se cayeron los edificios, desapareció el mercader, los vientos crujieron y se fueron dejaron el lugar distinto, orquídeas nacieron sin vientos ni piedras que les sostuvieran, flotando en corriente cosmica, luego las cosas volvieron aunque distintas. 

El tiempo paso y sigue pasando, recorrer el tiempo no deja huellas en este sino en el viajero.

La verdad es que sí cambiamos aunque no del todo.

Aprender ni empezamos ni terminamos.

La dulzura existe y la siento, sí su contrario persiste es por mi propia tolerancia a que lo haga.

Los mares me derrumban en arena, pero no termina allí, los vientos me vuelan a la insignificancia, pero el camino es distinto y las estrellas parecen insignificantes al que mira descuidado.

Se lo que hay que hacer, y a donde dirigir la mira y las armas y los talentos, ninguna moneda de doble impresión tiene que decirmelo.

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