Sentía el cuerpo extraño, lo cierto es que quizá pasaría un buen tiempo antes de acostumbrarse a las nuevas presiones, los implantes que le harían constante compañía, el extraño modo en que su voz se sentía tan diferente en medio de esos silencios que zumbaban de lo profundo, el cielo nocturno era lo más cercano que veía a aquellas familiares noches de verano, pero sin el ambiente adecuado y tras haberlo visto constantemente por más tiempo del que la rotación terrestre permitiría; también este se había vuelto extraño.
Las voces que llegaban desde el control terrestre por medio de las elegantes bocinas no podían sino sonar curiosamente distantes, tan pequeñas como el punto azul detrás de la nave que otros volteaban a ver constante pero ella nunca.
El viaje, el viaje más largo que cualquier humano hubiera hecho estaba por terminar, la historia y la leyenda por igual esperaban al pequeño grupo en la relativamente corta distancia de un par de cientos de kilómetros.
Es posible que sonriera pero no dejo que nadie mirara su sonrisa, es posible que sonriera y que como por arte de algún hechizo su siguiente recuerdo fuera pisando el Planeta Rojo...
Uno de los primeros objetivos de la misión era encontrarlo...supuso que tomaría algún tiempo pero los cálculos del control terrestre habían sido demasiado precisos, apenas tuvieron que caminar un poco bajo la escasa gravedad del planeta, uno de sus compañeros emocionado pretendía correr con movimientos imposibles en casa cuando dio un giro y apenas y logró dar el último paso sin tropezar porque había visto aquel objeto...no era de sorprenderse que casi hubiera caído encima; una montaña de polvo rojizo lo cubría en su mayor parte y darle forma tomaría un tiempo.
Limpiaron el polvo con cuidado, como los paleontologos o arqueologos en la tierra, ambos se miraron a los ojos y un pensamiento similar les paso por la cabeza, estaban haciendo el trabajo de un arqueologo sin duda aunque también el de exploradores espaciales, el futuro de la humanidad llegaba en forma de aquel extraño memento de días un poco más antiguos.
El robot no tan pequeño a ojos de sus nuevos descubridores primero salió a la luz y luego con ayuda del equipo adecuado -equipo que a algunos les habría parecido un poco obsoleto o al menos ciertamente arcaico- volvió a la vida como los fósiles no habían podido volver a la vida en las expediciones paleontológicas, como las ruinas no podían volver a la vida más que en simulaciones o visualizaciones CGI.
Le había mostrado a una generación casi desvanecida el camino a Marte y tras un tiempo de exploración se había quedado ahí, detenido, vulnerable.
La información proporcionada por aquel robot era sin duda valiosa para la misión sin regreso en que ahora se embarcaban a pesar de haber sido transmitida bastante tiempo antes de que alguno de la tripulación naciera. Las luces, los sonidos, los motores andando de nuevo daban testimonio de la terquedad humana aplicada del mejor modo.
El andar de nuevo, aunque un poco desalineado hacía la izquierda puso una sonrisa en el rostro de ambos, una sonrisa que si pudo ser observada.
Eso de la humanidad había alcanzado el Planeta Rojo, ese tanto y lo que decidieran ejecutar de lo que sus memorias guardaban, no las tendencias violentas que los definían, no los miedos sino solo las curiosidades...Las lagrimas en sus rostros se sintieron extrañas, su sabor salado les pareció ligeramente dulce, el pequeño explorador resucitado empezó a dirigirse hacía la Nave y el Campamento, transmitiendo de nuevo a la tierra tras más de medio siglo de no hacerlo.
Abajo, los hombres y la IA sin duda sonreían, tenían a ese objeto en común, la larguísima infancia de la humanidad podía terminar en ese momento, de manera definitiva y abrupta, miro el brazo extendido de su compañero y sin dejar de caminar bajo la curiosa gravedad marciana le choco la mano, sin duda el fotógrafo de la expedición habría tomado ese momento para enviarlo a Tierra y convertirlo en parte importante de la memoria humana en la tierra, más del lado de las virtudes que de las atrocidades...
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