Creo que ya no creo que los 14 de febrero resultaran eternos, este es el primer año que así lo considero. Ha de haber finales felices pero responden a otros desarrollos y otros triunfos. El tener un final feliz es más bien no tener un final del todo sino ceder tu historia a los otros que vienen y que ellos al escribir su historia propia y distinta mantengan en buen resguardo las lecciones y eventos de la tuya.Dicho eso, aún considero recomendable celebrar el día, no necesariamente comprando grandes cantidades de algo sino más bien riendo en un parque o una banca o una sala de cine y caminando tanto como den las piernas alrededor de una ciudad u otra. Porque cualquier celebración tiene su deje de eternidad, porque las emociones solitarias de un chiquillo que en el estacionamiento de un centro comercial apenas puede resistir el abrir la figura que mas ha deseado o el sabor de la hamburguesa correcta -y la hamburguesa errónea- con la persona adecuada se aparece detrás de mi lengua muchos muchos años después de probada.
No me queda mucho tiempo en casa y lo poco que pueda recordar o celebrar de este día se agotará en cuanto entre a trabajar pero quizá vaya antes a buscarme un sabor nuevo por mi cuenta, porque puede ser que ahora mismo yo sea la única persona adecuada para mi historia.
Algunas cosas -que quizá no deberían olvidarse- se sienten como un absurdo y lejano recuerdo cuya memoria tangible podría confundirse con vídeos en poca definición en ventanas de incógnito del explorador, pero puedo recordar las sonrisas de manera bastante clara -tan clara como permite mi miopía-.
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