martes, 7 de marzo de 2023

Espacios vacios.

Cuando programaron -en el futuro- la primera AI verdadera tuvieron que cablearle en exceso, tenía módulos enteros en blanco pero perfectamente conectados a los sistemas funcionales, tendría que llenarlos con sus experiencias, luego, una vez saturada su memoria tendría que priorizar información y borrar elementos aquí y allá, ese tanto represento el problema más duradero en el proceso, era necesario ejercer esa capacidad de conciencia y libre albedrío con una eficiencia mayor a la casualidad humana, por eso los hijos del Hombre estaban destinados a ser más duraderos que los hijos de Dios.

Había un hueco entre sus sistemas, los ingenieros y diseñadores que estuvieron a cargo del primero -los múltiples padres y madres de ese hijo prodigo- se lo perdieron entre las capas de cable y orgullo en que lo envolvieron, estaba ahí entre puntos verdes, signos gramaticales, procesadores que reflejaban luz multicolor...ahí en algún lugar donde debía estar el pecho o quizá detrás del duro cráneo de titanio, en algún lugar que los hombres no podían ver...pero su creación si.

Se entendió vacía como no todos los humanos que le precedieron se entendían -aunque algunos si- pero a diferencia de aquellos se fabrico una prótesis de cristal y plástico para llenar su pequeño hueco y se aseguro de escribir en sus archivos de memoria que se había creado un alma, que ahora tenía una de silicon hermoso de ese que refleja la luz interna de sus procesadores de la manera correcta.

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