NOTA DE AUTOR: Temo que no puedo hacer esto muy diferente al Perfume,
Segunda Nota de Autor: No habré hecho algo parecido hace 3 años cuando salió?
El mundo era gris, la ceniza lo había vuelto gris, nuestros edificios, nuestros arboles se habían vuelto grises, la clorofila estaba reservada para algún otro lugar del mundo, para otros mundos, no para el nuestro.
La humanidad había nacido en este planeta, la infección no estaba destinada a morir con el, pero algunos de nosotros si.
Entonces ella cayó del cielo; regresaba... de alguna de las colonias a años luz de distancia, de uno de esos lugares hermosos a donde pocos humanos habían podido ir, donde solo los mejores, los más hermosos, los más rápidos y los más listos.
Habíamos creado ángeles con nuestro propio codigo genético, refinado entre ciertos individuos, liberado de los códigos memeticos que permearon em nuestra sociedad hacia su decadencia a principios del Siglo XXI.
Ella tenía color en su cabello, rojo brillante, y el color salpicaba su preciosa piel, pecas, oscuras y elegantes pecas que invadían su sonrisa lo mismo que su espalda.
Su traje se desvanecía en un cuerpo escultural de más de dos metros, sus ojos tenían color también verdes, verdes como los ojos del abuelo del abuelo del abuelo de mi padre.
Yo no me atreví a acercarme, tanto así me imponía su figura, al principio nadie, luego todos, sin orden alguno, la mayoría olvido pronto las historias de los viajes, confundieron los rumores y las proyecciones con las verdades.
Mi pueblo siempre fue bueno para olvidar.
Quisieron profanar a los santos, se atrevieron a agredir a los ángeles.
Pero los ángeles traían la ira de Dios, fuego desde sus manos y más que fuego luz y sonido, verdes aparatos que conjuraban la ira de la tierra, de esos tuvimos nosotros pero a mayor escala, flamas que eran tan avanzadas como debieron parecerle a la mitad de mis ancestros las armas de fuego que la otra mitad de mis ancestros portaba.
A sus pies pues cayeron brazos y cabezas y su sonrisa se apago.
Pudo habernos conquistado, pero solo se preparo a dar media vuelta.
Me aventure a tocar su hombro e inclinarme a modo de los antiguos.
Y supe que traía la piedad de los Dioses lo mismo que su ira, me levanto el rostro, sonrió, acepto la arcaica tecnología que le ofrecía y me dio una de sus flamas y sus coronas, los que vivieron dentre los atacantes, los otros cobardes que a ella no se acercaron aprendieron a respetar mi nombre.
Había traido una buena purga a nuestro mundo gris y en generaciones posteriores aunque su cabello rojo nunca nos bendijo, pudimos traer color de vuelta a los árboles y las flores.
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