La luna iluminaba lastimera la extensa llanura, los sonidos de la noche, de insectos, de depredadores, de cosas más sombrias acompañaban la carrera de su caballo, quejidos lastimosos cerca del camino empezaron a apropiarse del ambiente, un hombre postrado lloraba a otro en el piso, mierto, lloraba irremediablemente, de pronto el hombre muerto se levanto, no vivo, las lagrimas se volvieron confusión, la alegría si es que la hubo pronto se volvío terror, el abrazo mordida, la no vida se volvío más muerte, alcanzo a disparar por sobre su caballo el poderoso tiro de escopeta atraveso a ambos, cayeron sobre el polvo sucio de aquella vereda, bajo la velocidad del caballo, se detuvo a contemplar aquella pequeña tragedia, una de tantas, no había pasado mucho antes de que desde los arbustos no muy lejanos al camino mas criaturas se arrastraran, salieran, oliendo la sangre fresca del jinete, del caballo, de los recien muertos, el hombre no pudo detenerse más a contemplar la devastadora escena, apresuro a su caballo a que siguiera corriendo, con la esperanza de llegar al siguiente pueblo y allí no arribar demasiado tarde, poder salvar a alguno y no solo acabar con el terrible sufrimiento no muerto.
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