lunes, 4 de septiembre de 2023

Trial 02 (2011)

Que gélido resulto aquel octubre a mis ojos; empezó con claras mañanas que cedieron a nubladas tardes cuya lluvia no tardo en volverse nevada. 

La ciudad se había quedado pequeña cuando los frondosos bosques del sur se abrieron ante mi vista y en estos la magia y la realidad se juntaban peligrosamente. El cruzarles me dejaba inmensa y a mi voluntad muy grande. En sus formas entreveía las leyendas a cuyo cobijo dormía mas en sus ruidos encontraba la semilla de todo sueño nocturno, no solo los dulces sino también los amargos.

Puede que apenas comenzado el mes mi viaje hubiera tomado de mi doscientos kilometros, un par de caballos perdidos en el bosque y los mas finos macarons.

No sabría decirlo a bien, los esfuerzos se me hacían justificados, las perdidas y el gasto en provisiones necesario. Al arribar a aquella hermosa casona las cosas empezaban a tener sentido. Pronto aquél olvidado bien sería mío y con el la mayor de las gracias, el mas loable de los reconocimientos.

Repito, aquel era aun el octubre claro, el de fuertes vientos que se meten entre la falda y la crinolina. Uno grato para obtener información en los balcones acompañada de un delicioso té en su precisa hora.

Cuando me sentí lista y emprendí de nuevo camino las lluvias que no debían estar allí aparecieron. Es bien sabido que las sombrillas mas elegantes poco pueden hacer contra largos y violentos chubascos. Y los chubascos cuando en octubre son mas oscuros que la noche.

Los días soleados se fueron a cambio del mas gris de los grises. Pero los vientos persistieron y con ellos sentí frío del que entra a los huesos y aleja de ellos cualquier dulce recuerdo. La lluvia fue acompañante, poblando el bosque de siluetas muchas y ensordeciendome con un canto fanático, lejos quedaron los hermosos violines de casa o el piano que tocar nunca pude. Ademas de mi fiel y hermoso transporte me empecé a sentir acompañada de los seres que cantaban en la lluvia, los que impactaban las hojas y las ramas para obtener tan enajenante música. Esos hombres y mujeres que estaban formados de agua y que se dejaban ver solo unos segundos antes de esconderse en los subsuelos con choques igual de estrepitosos.

Así es como anduve ya no sola en las lluvias de octubre, muy lejana de sus lunas al igual que de mi casa.

Habría dado marcha atrás cuando mi equino final retrocedió sobre sus pasos en los pasos de la quebrada. En aquel entonces mi vestido no brillaba como las estrellas, mis calcetas habían perdido toda hermosura angelical y la inocencia de mis zapatos se perdió en un mundo de plastas de barro.

Pero anduve bajo los arboles y sobre las montañas. hasta que las perlas desaparecieron de mi cabello todas y el brillo se marcho de mi rostro. Y pasadas las tormentas en un claro amanecer descubrí el arte de tomar chocolate caliente en el fuego incipiente de una fogata propia.

Es entonces cuando vino aquello que buscaba...cuando ya le había olvidado.

Me miro con ojos negros y profundos, nunca acabe de salir de ellos. Se rindió a cualquier encanto que tuviera extraviado en mi. Al irse me motivo a seguirle y tuve que rendirme a tan gentil sugerencia.

La tarde trajo la nieve blanca como si la Luna escondida se cayera a pedazos, y la nieve expulso el barro de mis zapatos y con su puro color les modifico las formas y limpio las calcetas cuanto pudo. La mas bella acción la hicieron los copos de nieve que se pegaron a mi vestido cual el mas bellos encaje, único en verdad e inigualable. Perlas blancas pesaron en mi cabello y el viento le arreglo mejor que el mas fino peine.

Rojas se volvieron mis mejillas por respuesta natural a tanta belleza de la cual no podía ver toda siquiera.

Y en cuanto estuve arreglada termino la nieve y volvió aquello que buscaba y juntos miramos la Luna intacta reinando en la noche clara.

Deje aquel día esos bosques cuyo sendero me había extraviado y vine a verles desde otro palacio por siempre sabiendo que nunca mas podrían las tiernas nieves arreglarme con su helada finura permanecí sin moverme por siempre.



Al iniciar el siguiente mayo otras expediciones partieron

Sí a la última enviada le había abatido el frío.

Las lluvias y el calor habían de ofrecer mejor camino.

Y se empacaron vestidos de verano y helados refrigerios.

Las rutas se trazaron a la sombra de montañas

Todo soleado valle evitado.


Mucho tiempo atrás una elegante viajera inició su viaje junto con el invierno.

Unos años después otra se alejo de su ciudad el último día gélido.

Y ninguna obtuvo el querer tan anhelado


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