viernes, 1 de septiembre de 2023

365 (45) -2018-

Aquel bosque en medio de la carretera entre las dos viejas ciudades era el final del camino.

No lo era por supuesto, era una encrucijada y muchos senderos salían desde allí o al menos continuaban serpenteando hasta otros sitios más o menos lejos, conocidos algunos pero no todos.

Era el final del camino para él.

Se sacudió el polvo de sus pantalones negros, los adornos metálicos tintinearon, parecían querer bailar otra vez, se arreglo la camisa y el chalequín, sonreía.

Tomo su guitarra, acarició sus cuerdas una última vez, no logro encontrar la melodía adecuada, probo un par de posiciones y descubrió sus dedos un poco tiesos ya, un tanto cansados.

-Mejor así- alcanzó a suspirar apenas, dejo la guitarra con cuidado en su estuche y les recargo en el árbol; lejos -pero no lo suficiente- los pasos de caballos, la respiración de estos, los gritos de hombres, todos empezaron a notarse claramente.

El músico gritó, tomo el largo rifle que había atado al estuche de su guitarra, lo apunto preciso, pronto, sin dudar disparo una y otra y otra vez, hombres y caballos cayeron ante cada disparo hasta que no quedaron balas que disparar, corrió hacía ellos, lanzó el rifle con toda su fuerza al caballo más cercano y le impacto, desenfundo pistolas, disparo pero ya no fueron sus disparos los únicos que retumbaron en la cañada, el negro y blanco y los plateados adornos se salpicaron de intenso rojo, cuando el eco de los disparos se hubo apagado se escucho un grito “Aiaiaiai” y luego silencio.



Había una recomendación de escucharle con On Melancholy Hill en la pieza original

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