domingo, 10 de septiembre de 2023

Tacto (2013)

Yo juro que te sentí con tu suave piel y las lagrimas bajo tus ojos.

Me sofoque cuando corrimos en aquel invierno, ocultandonos por el camino.

Sentí frío al darte mi chamarra extra, jure que iba a enfermar.

Te juro estas cosas con la misma solemnidad que jure que te amaba, ambas me parecían verdades absolutas en su momento y aún ahora al recordarlas, tras tanto tiempo.

Pero te has preguntado cosas, asuntos naturales para los que no tengo respuesta.

Y mis silencios no bastan por supuesto, eso también lo se o más bien dicho lo siento.

Te vi alejarte poco a poco de mi, por el trabajo al principio, porque mis ideas se volvían anticuadas quiza.

Y aunque mi memoria guardaba ya muchas despedidas, no les recordaba tan dolorosas, tan lentas, tan irreversibles -aún cuando verdaderamente lo eran- como la nuestra.

Me refugie en tocar, lenta, torpemente aquella melodía que tanto nos gusto en los días en que los cielos nos eran más benignos.

El amor era mi respuesta, todo lo que tenía para acercarme y acariciar tus mejillas, tus suaves mejillas.

"Pero tu toque es frio" contestabas y mi corazón se helaba en ello.

Mi toque en verdad era frío, ese tanto debo dartelo, pase mis dedos por entre mis brazos, por mis pies y mi espalda y algo estaba definitivamente mal.

Como un engaño bienintencionado que estaba girando poco a poco fuera de todo control.

No había coro de angeles ya bajo la iglesia cuando fui a rezar, solo formas caprichosas que fueron alguna vez un altar.

Santos rotos que se encajaron en mis manos mientras trataba de reconstruir un poco de la antigua gloria de aquel sitio donde juramos amor eterno.

Bajo mi piel había algo extraño, algo que no definitivamente no debía estar allí.

Un toque más profundo repleto de cargas electricas, que permitían una textura más verdadera al mundo a mi alrededor o lo que quedaba de el.

Me sente a llorar con el rostro entre mis manos y provoque descargas pequeñas y dolorosas con el liquido que brotaba de mis ojos.

Arranque la piel que permeaba mi verdadero tacto, la arranque y vine hacia ti, llorando.

Te vi, sentada, triste, sin sospechar nada y no pude, no pude decir lo que venía a...

Escribí veloz una carta, veloz como nunca antes y me fui a vivir no con los ganadores sino con los exiliados.

Cuando no quedaba ya piel sobre mi, entendí que el tacto limitado y falso de la sinteto-piel era suficiente para mi, pero nunca para ti.

Necesitaras algo más que espero que encuentres.


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