martes, 8 de agosto de 2023

Menta (2019)

Le extendí mis brazos pero los ignoró por completo, su mirada estaba fría y el viento ya no traía sus pálidos cabellos hacia mi.

¿Me faltaban los colores y las luces de su nueva acompañante? ¿Era eso tan grave? ¿Era necesario? Nos ocultábamos mejor en las sombras, nos mezclábamos cual si fuéramos un solo ser primigenio. Yo no necesitaba ser Reina del Inframundo sino solo Reina de él, a veces, por momentos ¿Acaso no miraba en las sombras que rodeaban mis ojos lo mucho que mi pasión por él me consumía? ¿Era yo tan fácil de olvidar para el Señor de los muertos?

De ser así entonces yo no era tan distinta a las almas que penaban a nuestros alrededores, por inferiores que fueran.

Yo la miraba de lejos y juraba que no era más hermosa que yo, solo era diferente, que sus perfumes y aromas solo eran distintos pero el mio aún podía sentirse y era capaz; (cuando concentrado) de apresar su garganta con más fuerza, como yo gustaba de apresar sus labios con los míos y sus poderosas manos entre las mías.

Lo quería tanto, demasiado, como quieren los mortales, como si hubieran pasado por mi Afrodita y todos sus hijos dejándome victima de sus ardores.

El la miraba a ella aunque me tuviera a mi enfrente y eso no podía soportarlo.

Yo la miraba tratando de averiguar el “‘¿Cómo?” y “¿Porqué?” y ella apenas me devolvía una mirada condescendiente, ella era reina y yo esclava -o como si lo fuera- por un mero capricho del destino, pude haber sido yo y debí haber sido yo.

“¡Kore!” le grité buscando ofenderla, llamándola Diosa Menor y no Reina del Inframundo, Virginal Doncella y no Dama de Hades, Ninfa como yo de algunas plantas y no Dueña y Señora.

“Persefone” me contestó suavemente “La que trae la muerte”.

Mire mis dedos torcerse y mi peso ceder ante la ligereza de un cuerpo de hojas, primero sentí como si cayera de rodillas aunque ya no había rodillas para que me azotara sobre ellas, se llevo un poco de mi entre sus manos y Hades camino sobre mi cual yo antes sobre su extenso cuerpo estuve en calma durmiendo, respiro mi aroma y sintió que le traía algún recuerdo, esbozo casi una sonrisa pero quizá no pudo a bien fijar exactamente de quien se acordaba.

“Recuerda mi aroma” Ese es para ti Señor de los muertos mi rezo “Distinguelo de las infinitas flores, yo no te daba color alguno pero si intenso perfume, acaso alguna vez te basto por trono, a mi tus ojos me bastaban por cielo”

Me conformo con desear aquello, sin lengua, sin voz, aún con anhelo.

No hay comentarios: