“El autobús me trae de regreso, una historia acaba de contarse y empieza a contarse una distinta, estará llena de tropiezos, va a ser muy extraña, no puedo imaginar como el mundo frente a mi se va a sentir tan extenso como las praderas que miro por la ventana”.
Para ser un recuerdo tan antiguo aún puedo accesarlo relativamente bien. En mi mente llevo la grabadora de voz con canciones grabadas en baja definición, el feeling del scratch se volverá una moda a la que intentaré entrar 15 años después. Usaremos la tecnología para hacer que las cosas suenen como en los viejos tiempos. Extraño mi grabadora ahora que lo pienso. Miro el pequeño coloso con el que ahora grabo mis audios, hemos cambiado, ese chico del que casi tengo una fotografía y yo; aunque seamos la misma persona.
Lo peor esta por llegar, lo mejor también, el amor se pagará con un par de sonrisas -no con besos en está historia por un rato-, la soberbia constantemente golpeada, el mundo se sentirá extraño por mucho tiempo antes de sentirse bien. Pero en ese instante, sobre ese autobus, con mi celular azul cuya cámara parece super pro, mi grandeza se siente como la de los campos de maguey.
Ese es un día soleado y hoy las nubes no podrían ser más hermosas, pero la más ajena imagen de un autobus en la carretera trajo a mi ese instante y quise revivirlo, más para mi que para otros, pero dejándolo aquí de todos modos, como parte de la historia que aún con tropiezos ha continuado.
Desde ese instante los viajes se verán interrumpidos y el siguiente me llevará solo a tierras desconocidas. Me pregunto a donde me llevará el siguiente en la línea de tiempo presente.
Mientras la lluvia casi se detiene no puedo evitar sonreír. Las personas con su capacidad de ser milagros solo por lo que son y no por la narrativa que vertimos en ellas me siguen pareciendo suficiente motivo.
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