viernes, 23 de junio de 2023

Noche de Verano (2019)

Ahora las gotas de lluvia son apenas un susurro cuya presencia sin embargo cambia completamente el ambiente, los árboles, las piedras, los techos y senderos; no lleva así mucho tiempo eso si, apenas llegué a este sitio hace poco más de una hora y me puse bajo resguardo cuando la lluvia arreció y formo sus propios ritmos y su feroz tamborileo.

Al menos uno de los dioses -sospecho que más de uno- tuvo consideración de mis plegarias y mi precaria vestimenta.

Tengo los zapatos arruinados debo admitir, pero no es novedad en estos tiempos.

¿Qué hacía en aquel sitio con tormenta o sin ella mientras esperaba un amanecer aún distante?

Debí rezar y agradecer a los dioses de mi buena fortuna...pero al hacerlo los llamé por tu nombre por alguna desdicha que se enredo en mi lengua y camino por mis nervios para apoderarse de toda mi mente

Tu nombre sirve para invocar ciertas odas...odas que rara vez ensamblar he intentado... pero con el no se debe dar gracias a las deidades del Verano y de la Lluvia, se desliza mejor entre mis labios -eso si- que San Juan a quien pertenecen los solsticios o Chalchihuitlicue que pronunciar correctamente dudo siempre -aún más que cuando pronuncio a la amarga Clitmenestra que a serpientes amamanto con dulzura-.

Se desliza solo tu nombre, desprovisto ya siempre de tu persona que bajo otras instancias la misma tormenta soporta, tu nombre aquí, mal colocado solo trae una imagen diluida de ti, que se repite y se repite y se repite pero se aleja más y más de tu presencia, se convierte fácilmente en fantasma distante y por cierto también distinto.

Te rece a ti para agradecerte aunque no era recomendable y deje que Perun y Odín por sus favores bien ejercidos no recibieran de mi por agradecimiento guiño o devoción alguna. No se si quizá creí que un rezo fervientemente colocado; con las palabras exactas y las manos cruzadas en modo e instante adecuado...podría servir de invocación a cualquiera de tus versiones, fuera tu Quetzalcoatl Azul o Rojo, tu aparición de Loreto, Lourdes o Fatima...

No apareciste pronto, seguí rezando, seguí cantando, la lluvia no me hacía ya segunda voz, los grillos lejanos si acaso.

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