jueves, 22 de junio de 2023

365 (25) -2018-

Tu tristeza en mi cabeza cobraba la forma de una canción antigua, de esas que enseñaban el significado de melancolía desde que era pequeño, de esas que en las voces de las madres y las tías y las abuelas sonaban desgastadas en los días en que tropezábamos para aprender a andar y a leer y a trazar.

No es que yo tuviera derecho alguno a darle forma a tu tristeza, había hecho ese tanto y otro más sin merecerlo, quizá me había convertido en un villano desde hace mucho en la historia que no era ni mía ni tuya del todo.

Mi tristeza había tomado forma de las notas escondidas bajo las notas de las canciones que le asignaba a la tuya, saxofones aquí -o lo que yo creía eran saxofones- triángulos y campanillas por allá.

Sobre todas las cosas mi tristeza tenía forma de lluvia, pero también mis alegrías, ese era el tipo de persona que era, allí, bajo esas bellas construcciones barrocas que habías creado tu en mi, bajo la arquitectura moderna que otro había puesto antes, bajo los humildes edificios que resistían en medio de todo que dejaron tres mujeres antes que otros.

Nos fuimos, nos deshicimos en el viento, como los cubitos de realidad de Wanda Maximoff, la analogía estaría incompleta sin eso, penumbras alumbraban las calles húmedas a través de años incontables en que lentamente los finales felices se disolvieron, como azúcar en suave infusión cuyo nombre desconozco, pero cuyo olor llegué a apreciar cual imagen casi clara en un mundo de sombras.

Yo imaginaba las tristezas de cierto modo, no estoy seguro de como eran en realidad, pero en ciertos momentos al menos creo que eran y eso ya bastaba, para las cosas malas, para las cosas buenas.

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