Llego un día como ningún otro en que los encantos que nos protegían de la muerte se marchitaron todos y quedamos así expuestos, la vida en colores grises que serían la envidia de un simulador de guerra cualquiera si tu no te enfocabas en la cansada labor de cambiarlo todo y volverlo del tono que mas convenga.
Llego un día y no fue grato cuando nuestra humanidad no fue solo sobre nuestro potencial y expectativas sino de nuestros defectos y debilidades. Aquel día dejamos de lado aquello de crecer por envejecer aunque no debío ser de ese modo.
Hubo un día como no otro antes en que el futuro se rompio de amargo y encontramos una persona caminando por la inmensa ciudad, creimos reconocerle y cuando volteamos era un poquito tarde. Tales días ocurren en los bosques de asfalto y los de arboledas.
Me negue a dejar de contar sobre ese día que tendría que estar presente en este momento mas que en ningún otro.
Pregunte porque los regalos y los abrazos y las reuniones.
Pregunte quien es al final del día el que los recibe y el que los da. Y porque.
Descubrí porque celebrarlo sin motivos religiosos, pero no por los comerciales.
Encontre lo que yo llamaría familia y amigos, que al final resultan ser la misma cosa.
Celebre un recuerdo viejo que como a Bastian se me deshace entre los dedos y brinde por el.
Conmemore un momento oscuro para consagrar la luz que hay ahora.
Agradecí una memoria fresca como la niebla y las memorias futuras que ello implica.
En el primer día en el decimo año de la navidad.
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