Una voz, perdida, distante. El alba esperando, el gélido viento, la noche atrás de nosotros, los miembros entumidos, cansados, arena en los ojos tanto real como hipotética. Los cuernos sonaron, uno a uno, despertando, la llanura apenas quieta hace un instante se levanta en bosque y el bosque se mueve. Nuestro bosque de carne y madera muerta, de altos pinos de copa metalica, nuestro bosque capaz de crear y romper montañas.
Nuestro bosque que habla de muchos modos, pero responde unisono a los cuernos y los tambores.
Nuestro bosque destinado a destruir uno y otro bosque antes de que todo este terminado. Las mallas tintinean, los tambores marcan, las voces se alzan, en ellas se observa la diferencia de nuestros árboles moviles, en ellas y en las pinturas de guerra, en el entrelazado de los peinados, en el color de nuestros ojos cansados.
Una voz perdida y distante, nos quitaron la Luna, a por ella vamos, a traves de tierras por encima y por debajo de donde las estrellas brillan, más allá de donde el Sol se esconde.
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