Ando por entre las nieves en un diciembre cualquiera, camino por los senderos que se llevaron borradores de dulce hace poco, persigo sin rumbo jilgueros fantasma. Encuentro las ruinas de mis recuerdos, habitadas por mis difuntos no muertos y sus gélidas manos y sus guantes de azul nocturno con argollas plateadas grabadas,en ruinas de escaleras me enfilo buscando signos y claves en ellas, los signos sin embargo ignoro, desconozco el mundo que me representan.
Miro horizontes mas suaves...lejanos, de puros felinos habitados, donde rodean y aterran lobos de tres o cuatro veces su tamaño, y con esos ojos que saben buscar entre sombras me miran, mirandome que les observo. Engatusan mi mente con juegos y ronroneos que simulan palabras, me precipito a un abismo de telas, donde el vértigo viene de los colores pastel mas saturados de frutas y helado que otra cosa, mis nauseas suprime un Cristo clavado con agujas que inusual tela carmesi sangra, mi vertigo disminuye con el sonido cansado de ejercitos que desaparecen y se convierte en algo mas cuando el gris se figura de niebla.
La caida al final no se siente, total es el vertigo lo que siempre provoca terror, la calma después resulta consuelo basto, me pierdo en una noche de destellos azules intermitentes, en un día de lluvia en verano que no ha ocurrido.
En un mundo sin capas rojas, hay sueteres del mismo color por doquier, pero de allá de donde vengo, no se siente el frío tan fuerte como para usarlos, mas que para dotar de lindura a sus portadores por ejemplo.
Ando ahora, en senderos ya no de nieve, ya no borrados, pensando que el numero 11 y el 13 algo tienen en común, y el 13 con si mismo.
Es que acaso no puedo recordarlo?
O quiza no es necesario...
Puedes tu quizá entenderlo sin que diga mas...
No hay comentarios:
Publicar un comentario