No era malvada, no lo era, pero estaba empeñada en atraparlos a todos con sus tejidos, quizá ellos eran los malvados y su estrategía más tenía que ver con no tejer, con romper y procastinar, en vez de el tejido mismo, que ninguna tela, ni aunque fuese de acero podría detener a los enemigos que yacian a sus puertas.
Miro de reojo el atardecer, más allá de la ciudad-estado, más allá de las tierras yermas, del mar hecho de androides rotos y agua por igual.
Era un lugar sucio, era un mundo triste.
No, lo cierto es que no estaba esperando a nadie ya, el mar de androides no le traería esperanza alguna, las grandes guerras bionicas habían acabado hace mucho, habían cobrado demasiadas vidas, allá en algún campo de 1-lli 0N sus esperanzas yacían atravesadas por muchas flechas, esa imagen tan clara debía ser clarividencia y piedad de los tecno-dioses más que un temor infundado cualquiera.
Y era de noche de pronto, el sol se había ido, y con el sol el día y con el día el último deje de juventud que quedaba en su alma, miro su mano, arrugas, piezas mecanicas reparando y protegiendo su ya delicada piel extendiendose desde su anillo de bodas.
Sonrió.
Dio media vuelta y abrió el panel de operaciones, estaba casi en ruinas, poco le faltaba para ser enteramente analógico, pero eso no la detuvo, oprimió los botones correctos, luego presionó la pequeña piedra en la base de su anillo; modo preciso de llamar al anillo menor.
-Ven a mi hijo, ven de una vez, que hoy acaba la casa de tu padre.-No dijó más que eso, del mar de androides un par de figuras colosales y viejas salieron.
Ella preparo su ciber-sable, se colocó las braceras que dejo abandonadas su esposo tanto tiempo atras -abandonadas igual que a ella- tomo otra cosa de su cuarto y luego salió.
Camino digna por entre sus doncellas, apunto contra una de ellas.
-¿Me traicionaras no es cierto?-
No tuvo respuesta.
-Ve pues, pelea a su lado, muere a su lado, dichosa tu que tienes ese consuelo.
La chica se arrastro por las sombras rumbo a la puerta.
Un destello la alcanzó apenas llego a ella.
-O algo cercano a ese consuelo.-susurró la reina.- !A mi pues doncellas! !Mostremos que no hay que cortarnos una teta para pelear en forma! !A mi pues que moriremos al menos de un modo más digno del que hemos vivido últimamente!-Grito entonces, un manto incompleto brillo a la luz de la luna con tintes azules y plateados por igual, un manto desgarrado, incompleto, hermoso.
Su hijo llego con un ejercito de pastores y un par de arit-ballestas en cada mano, los titanes rotos cubrieron los escapes, La reina peleo en el patio central hasta que su ciber-sable estuvo inservible y cuando ya pocas de las doncellas que la acompañaban estaban vivas aún, tomo el arco de algún caido y ataco a los que huían, mientras los que no huían -los que en el frenesí habían contestado gallardos- acribillaban a las doncellas e incluso cosas peores.
El principe acabo con ellos sin embargo.
Cuando la madre y el hijo se vieron y se abrazaron ella le susurro:
-Hoy acaba pues la casa de tu padre, esta el la casa de tu madre y tus hermanas, que han conquistado ese derecho por la sangre y el dolor, sientete pues orgulloso de tu nueva casa en medio de un mar sucio que hemos de limpiar y con el mor-metal recogido crearemos maravillas nuevas que no llevaran ya los escudos de alguien divino, sino de nuestra carne mortal.
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