Avanzo el lagarto por la ciudad lento cual sombra y escucho en alguna esquina a una mujer vestida en largos atavios llorar y balbucear “Lo que debío ser claro en principio es que el hijo de ningún carpintero disfrutaría mirando quemar madera de cualquier tipo (Aun la corriente que puede servir al horno del herrero) bajo los pies de las mas variadas jovencitas“
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