lunes, 10 de diciembre de 2018

Respuesta

Pudiste haber dicho "no" aunque los daños eran inevitables,
el "tal vez" fue demasiado el "si" que no era para mi mente.

No guardo en ti ninguna culpa, un "tal vez" no es ninguna de las otras dos cosas y como tal fue un poco de una para mi y un mucho de la otra para ti al final.

Pudiste haber dicho "no" y no habría soñado, quizá te agradezco esas horas que no fueron pocas en que me prendí del "quizá" cual si fuera valiosa perla de un mundo que no vendría a nosotros.

Ahora el sol particular de diciembre me golpea lo mismo que sus vientos fríos, traspasan mi piel y le llegan al alma, que esta allí, debajo, escondida.

Te espere más tiempo del que debí, es posible que esperarte así fuera mi falta y ahora tu te vuelvas castigo, tu certera ausencia, la infranqueable distancia hacia esas manos que no puedo cruzar ni llenar de besos maldecidos.

Hoy me enfrento por primera vez -bajo soles que se vuelven lunas igual de lastimosas- no solo al mundo sin ella sino al mundo sin ella y sin ti, en ese no había habitado desde que otra Luna de otro nombre mantenía las mareas de mi pecho serenadas.

Ahora soy yo sin lunas, en invierno, cual Dios de Caos antiguo y viejo.

Soy yo que debo bastarme para serenar mis mares y nutrir mis valles y calmar la abundante lava de mis pesares.

Soy yo sin Tu Luna ni esperanza de ella, flotando entre mis extraños mares.

Me quedo con lo que podía darte, letras tantas, suspiros varios, miradas bastantes.

Las últimas no me sirven, los segundos no los quiero, las primeras he de emplearlas todas,
navegantes del infinito espacio puede ser que empleadas en secreto un día te alcancen.

Y sepas tu que aunque no me amaste -no podías amarme- y no te ame -no podía sino empezar a enamorarme de una idea que no era más que sombra de quien realmente seas- basto esa nada para volverte musa de mi imperfecto arte.

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