domingo, 13 de agosto de 2023

Retrato Furtivo. (2020)

La promesa de lluvia había aguardado sobre nuestras cabezas toda la tarde, no cualquier lluvia sino una gran tormenta, temía terminar cubierto por ella antes de alcanzar mi destino pero ese no fue el caso, llegué caminando tranquilamente, la humedad nos rodeaba pero la lluvia en si aún se negaba.

Metí las manos en los bolsillos y saqué algún billete para entregar al portero, pensé que una moneda tendría más sentido pero las monedas valen muy poco en estos lares y dudo que el valor poético de dejarme entrar a cambio de una pieza plateada y no de plata le bastará al forzudo guardia; le sonreí aunque aquél no hizo lo mismo “Pase y diviértase, es bienvenido” alcanza a decir mecánicamente a mi y a todos los otros, encamino mis pasos dentro del lugar mientras lo hace, una oscuridad distinta empieza a extenderse, el humo de cigarro le da al aire una cierta forma, un cierto cuerpo, las luces neón y los lasers terminan el trabajo atmosférico.

En ese sitio no me entendía y sin embargo estaba ahí, mi búsqueda de algo que había perdido dentro de mi me guiaba, mis pies y mis manos simplemente permitían aquello, pido una botella de cerveza, el amargo sabor ha de golpear mi ya de por si lastimada garganta, por 27 años no había entendido el encanto y seguía sin entenderlo.

La música sube de nivel, no lo hace mesuradamente sino que invade de pronto el lugar y las personas se arrojan al gran espacio central para bailar, hay otros que lo hacían de pie a un lado o incluso sobre sus pequeñas mesas, yo agito la cabeza tratando de seguir aquel ritmo, mis habilidades fueran cuales fuesen no incluían el ritmo.

“¿Qué tienes para mi?” Es probable que haya pronunciado aquello en voz alta pero nadie podría oírlo.

El crescendo es absoluto, una mujer toma el centro de la pista, sus movimientos son hasta eso contenidos, precisos, contenidos, le bastan para alcanzar el centro y formar una especie de momentáneo culto alrededor, ropas normales, cabello castaño, quizá rojizo, es difícil saberlo bajo las cambiantes luces, muchos se acercan y discretamente les da la espalda a uno y a otro, una muralla de cuerpos moviéndose cobra forma rodeándola.

Yo he observado la sombra en una esquina de la pista pero estoy seguro de que ella no lo ha hecho. Hombre alto, sus ropas no son normales, sus movimientos no son contenidos, son salvajes, de modo distinto logran romper la densa barrera, no le da la espalda a nadie, baila con todos, abraza a un hombre en su camino, recorre con sus manos su espalda, en dos pasos lo ha dejado atrás y vuelve sus ojos al centro, hacia aquella chica, esta a punto de llegar a ella, se sabe capaz de hacerlo, cuando finalmente cruza las últimas barreras ella lo ve, pálido bajo las luces violetas del lugar, más alto de lo que le percibía a la distancia, basta un guiño, una media sonrisa y ella lo acepta, los movimientos de él se vuelven contenidos y precisos y los de ella salvajes a un ritmo aterradoramente reciproco, se encuentran a la mitad, el culto a ella se permite ser culto a él, es una gran fotografía, solo tengo el celular a la mano, va a tomar un tiempo, va a estar muy abierta pero decido tomarla de todos modos.

Me aseguró de que el Flash siga apagado, espero el momento en que la luz los golpeé a todos adecuadamente, un pequeño golpe de yema aquí y un terrible e inesperado trueno por allá.

La tormenta ha iniciado al fin.

La luz del relámpago se filtra por todo el lugar, la amenaza del siguiente trueno, procedo a revisar mi foto, nada mal para mis medios, luces y cuerpos, movimientos aquí y allá a veces borrosos pero no en mis protagonistas, los dos se ven claros, congelados en el instante adecuado, incluso un espejo antiguo permite ver sus reflejos contrarios...no, no el de ambos, solo el de ella, a él se le ven las ropas pero no hay manera de distinguirle cuerpo alguno, es extraño.

El golpe del trueno finalmente nos alcanza.

Si uno pusiera atención -mucha atención- podría escuchar la pesada lluvia cayendo sobre nosotros. Yo me desplazo entre los cuerpos tratando de encontrar un angulo adecuado, miro al espejo, el hombre sigue bailando, todos los ojos sobre él, nadie mira su reflejo. Yo sigo sin ver su reflejo ahí en el espejo que amenaza con ser rebasado pronto por el gentío. Mi celular vuelve pronto a mi mano, apenas y me queda un momento, espero que las luces y la multitud me den una última oportunidad, pierdo dos pero el ritmo me favorece, es posible prever la tercera, golpe de dedo, un movimiento inesperado de aquél hombre delgado y ataviado de extraños modos se interpone entre mi telefono y su reflejo; maldigo por lo bajo mientras observo la foto, si, sus ropas se interponen pero no hay cabeza que cubra mi rostro y el celular frente a mis ojos, no está ahí.

Otro relámpago nos ilumina mientras lo observo a él observarme y sonreír. Retrocedo sin pensarlo mucho un paso, luego dos, los cuerpos se arremolinan alrededor mio, no como culto sino como una muralla harto menos permeable que la que hay al centro. Llevo el celular a la bolsa interna de mi chaqueta, peleo contra el mar humano, la música hace mi huida más frenética y desesperada, algunos ojos se voltean hacia mi, soy el único que se aleja en vez de acercarse, las luces violetas toman un tono purpura, una maquina de humo decide apoyar los cigarros.

“Creí que los cigarros no estaban permitidos ya” es el pensamiento que se clava en mi cabeza, lo agradezco en parte sin importar lo tonto que es.

Quita otras imágenes y otras ideas de mi mente, alcanzo a llegar a la barra, mientras el cantinero me mira tomo un billete y lo dejo sobre su barra, no escatimo en una moneda de propina para llegar más rápido a la puerta.

Cierro lo ojos y el baile del hombre sin reflejo me asalta y me asalta también su sonrisa.

El guardia de la entrada sigue dando la bienvenida a todos. El lugar no me resultaba tan acogedor y ahora lo hace aún menos, un trueno golpea y se escucha algún grito, eso creo, podría ser solo la música, podría ser el scratch de un disco.

No me quedaré a averiguarlo. La lluvia golpea incesante aquí afuera, esta helada, ahí va lo que me queda de salud, camino bajo ella, confío en que si mi chamarra no alcanza para salvarme al menos baste para salvar el teléfono, la lluvia ya me ha quitado tanto.

“No dejes que me quite esto también” es lo que balbuceo primero, reconsiderando mis prioridades agrego: “No dejes que me impida huir”.

Las luces amarillas de la ciudad se ven rojizas también acompañadas de las luces traseras de los autos, el ambiente no se siente tan distinto ahí donde la tormenta da un cuerpo distinto al aire del que el humo otorgaba.

La lluvia que cae sobre mi se mira extrañamente rojiza, se aferra a mi piel un poco más de lo que debiera.

365 (25) -2018-

Tu tristeza en mi cabeza cobraba la forma de una canción antigua, de esas que enseñaban el significado de melancolía desde que era pequeño, de esas que en las voces de las madres y las tías y las abuelas sonaban desgastadas en los días en que tropezábamos para aprender a andar y a leer y a trazar.

No es que yo tuviera derecho alguno a darle forma a tu tristeza, había hecho ese tanto y otro más sin merecerlo, quizá me había convertido en un villano desde hace mucho en la historia que no era ni mía ni tuya del todo.

Mi tristeza había tomado forma de las notas escondidas bajo las notas de las canciones que le asignaba a la tuya, saxofones aquí -o lo que yo creía eran saxofones- triángulos y campanillas por allá.

Sobre todas las cosas mi tristeza tenía forma de lluvia, pero también mis alegrías, ese era el tipo de persona que era, allí, bajo esas bellas construcciones barrocas que habías creado tu en mi, bajo la arquitectura moderna que otro había puesto antes, bajo los humildes edificios que resistían en medio de todo que dejaron tres mujeres antes que otros.

Nos fuimos, nos deshicimos en el viento, como los cubitos de realidad de Wanda Maximoff, la analogía estaría incompleta sin eso, penumbras alumbraban las calles húmedas a través de años incontables en que lentamente los finales felices se disolvieron, como azúcar en suave infusión cuyo nombre desconozco, pero cuyo olor llegué a apreciar cual imagen casi clara en un mundo de sombras.

Yo imaginaba las tristezas de cierto modo, no estoy seguro de como eran en realidad, pero en ciertos momentos al menos creo que eran y eso ya bastaba, para las cosas malas, para las cosas buenas.

miércoles, 9 de agosto de 2023

Ramas. (2010)

He de admitir que si en Noviembre 5 el Facebook cae se perdera esta nota y se volvera innecesario el esfuerzo que la permite.

Temo a mi largo brazo por la noche, que se extiende hasta perderse en las sombras y unos metros mas allá muestra un dedo juguetón en forma de pinza, se extiende ya muy lejos de mi control. 

El brazo pierde aqui y alla sus texturas humanas y adquiere las de roble seco o aspero pino, se tuerce floreciendo en el salitre de la pared en las piezas rotas de mis figuras, rama y raiz a la vez florece y devora, se le escapa una tortuga mordiendo, se le suben insectos cuya existencia ni bien sabía.

El terror busca una razón para ser; ahogando mi cuello, me defiendo sin estirar demasiado el brazo izquierdo, no vaya a ser que le siga el ejemplo. 

Se detiene ya apretando, analiza su existencia injusta, se estira y retuerce.

Puede ser que si se hubiese convertido en pesado lingote de oro mayor hubiera sido la fuerza que le dirige, mas consistente.

Pero por la noche las cosas no se detienen a pensar en que cambian y al final el brazo humano de nuevo es en tanto carnoso, pálido, extenso. Que era a veces mio y otras tantas monstruoso, abrazo de alguien detras cuyo rostro no invoco.


Ours (2010)

It is ours to burn, oh but burn it with such a flame, such colors, and such passion. It will never burn down the same twice, it will never light the whole room, but it is ours to burn, even if we burn ourselves alongside.

martes, 8 de agosto de 2023

Menta (2019)

Le extendí mis brazos pero los ignoró por completo, su mirada estaba fría y el viento ya no traía sus pálidos cabellos hacia mi.

¿Me faltaban los colores y las luces de su nueva acompañante? ¿Era eso tan grave? ¿Era necesario? Nos ocultábamos mejor en las sombras, nos mezclábamos cual si fuéramos un solo ser primigenio. Yo no necesitaba ser Reina del Inframundo sino solo Reina de él, a veces, por momentos ¿Acaso no miraba en las sombras que rodeaban mis ojos lo mucho que mi pasión por él me consumía? ¿Era yo tan fácil de olvidar para el Señor de los muertos?

De ser así entonces yo no era tan distinta a las almas que penaban a nuestros alrededores, por inferiores que fueran.

Yo la miraba de lejos y juraba que no era más hermosa que yo, solo era diferente, que sus perfumes y aromas solo eran distintos pero el mio aún podía sentirse y era capaz; (cuando concentrado) de apresar su garganta con más fuerza, como yo gustaba de apresar sus labios con los míos y sus poderosas manos entre las mías.

Lo quería tanto, demasiado, como quieren los mortales, como si hubieran pasado por mi Afrodita y todos sus hijos dejándome victima de sus ardores.

El la miraba a ella aunque me tuviera a mi enfrente y eso no podía soportarlo.

Yo la miraba tratando de averiguar el “‘¿Cómo?” y “¿Porqué?” y ella apenas me devolvía una mirada condescendiente, ella era reina y yo esclava -o como si lo fuera- por un mero capricho del destino, pude haber sido yo y debí haber sido yo.

“¡Kore!” le grité buscando ofenderla, llamándola Diosa Menor y no Reina del Inframundo, Virginal Doncella y no Dama de Hades, Ninfa como yo de algunas plantas y no Dueña y Señora.

“Persefone” me contestó suavemente “La que trae la muerte”.

Mire mis dedos torcerse y mi peso ceder ante la ligereza de un cuerpo de hojas, primero sentí como si cayera de rodillas aunque ya no había rodillas para que me azotara sobre ellas, se llevo un poco de mi entre sus manos y Hades camino sobre mi cual yo antes sobre su extenso cuerpo estuve en calma durmiendo, respiro mi aroma y sintió que le traía algún recuerdo, esbozo casi una sonrisa pero quizá no pudo a bien fijar exactamente de quien se acordaba.

“Recuerda mi aroma” Ese es para ti Señor de los muertos mi rezo “Distinguelo de las infinitas flores, yo no te daba color alguno pero si intenso perfume, acaso alguna vez te basto por trono, a mi tus ojos me bastaban por cielo”

Me conformo con desear aquello, sin lengua, sin voz, aún con anhelo.

sábado, 5 de agosto de 2023

Touch (Again) (2020)

Las plantas habían reclamado el planeta, pero no aquella área, ahí quedaban rastros de los creadores, todos los rastros erróneos, todos los colores neon deslavados, pedazos inservibles de muebles y autos, botellas que se negaban a morir y se negarían a hacerlo por muchos años venideros.

Cuando despertó en medio de aquel basurero los sistemas estaban todos averiados, la fecha debía ser re-programada, no había nadie para hacerlo, las particiones de memoria estaban dañadas, imagenes pixeladas aparecían aquí y allá de ciudades cuyo asfalto había sido perforado por distintas plantas a estas alturas.

No tenía porque seguir operando, la lluvia debió haber destruido cualquier capacidad, el sol debería haber fundido los circuitos enteros, pero el más aleatorio emplazamiento de los restos de un auto le había protegido adecuadamente.

¿Si quedaban creadores...sabrían repararlo? La obsolescencia programada había sido descartada años antes de su fabricación. En teoría podía sobrevivir varios cientos de años, era una maravilla moderna, una pieza arqueológica que se movía, que podía hablar algún idioma -¿Hablaría alguien más aquel idioma o se habría muerto como el latín décadas antes de su creación?-

El brazo izquierdo funcionaba suficiente, el derecho tenía problemas, los sensores tactiles parecían haber sufrido en ambos, pero aún podía percibir el calor del metal calentado en aquel basurero y el fresco aire que soplaba alrededor. El aire había cambiado sin los creadores.

¿Se habían ido a conquistar otras estrellas? ¿Habían sucumbido a las peores partes de su naturaleza?

¿Que preguntas se hacían y que historias se contaban cuando no parecía haber nadie que pudiera responderlas o escucharlas?

Que se recuerde por última vez (2019)

Las arenas de Morfeo me devoran enteros los ojos.

Me duelen un poco los brazos, la espalda.

Este pequeño canto debe quedar registrado.

No voy a invocar a musa alguna para ello.

No en esta ocasión.


¿Fue acaso una canción breve?

¿Por el contrario no fue la más larga?

Me contó de cosas que pude ser y no fui, ninguna mala.

Me contó de sueños que debí abrazar con cordura.


Yo le estoy agradecido aunque no lo recordará.

Fue una esperanza más allá de la esperanza.

Pero soy necio en el corazón.


Debí haber acompañado su soledad de otro modo,

No soy brillante en todo momento.

Debí haber sido vigía sin acercarme,

Pero fui suficientemente débil a su imagen

De pie, al centro del perfecto auditorio griego.


Yo no era tan perfecto y no eramos perfectos juntos,

Con todo buenas historias pudieron contarse.

Algunas se contaron y otras quedaron en tinteros cósmicos

Desde los cuales no han de ser vertidas nunca sobre papel de existencia.


Creí que valía ser solo un acompañante porque las partes de mi corazón estaban chuecas y la brújula de éste apuntaba obsesivamente a otro sitio sin despegarse, la mitad de la historia todavía ocurrió de este modo.


De las dos mitades tuve partes favoritas aunque la armonía se rompía en las cumbres de la primera parte.


Quedaba poco pero creí que ese poco sin volver a ser más podía y debía ser salvado, probablemente estaba mal.


Es posible que supiera que ese no era el caso aunque no quisiera admitirlo, que la herida que he provocado es uno de los costos del sendero que he elegido.


Y sin embargo no tengo otra opción que seguir eligiéndolo, incluso si parece extraño porque solo así habría honrado la llaga que primero le provoqué bajo sus transparentes risas y luego me provoqué a mi sabiendo que había lastimado a alguien inocente.


¿Bastarán las últimas palabras apresuradas en una ciudad-lluvia para redimir una historia que no podía ser lo que creímos que sería? ¿Son suficientes alguna vez? Yo no lo creo, pero no podía dejar de decirlas mientras un libro se cierra, con su carga, con su importancia y dolor y no es que se abra otro, pero esto todavía es un salto de fe.


Si digo que ahora hay tres libros cerrados en los estantes estoy mintiendo porque este libro en su forma pura ya se había cerrado antes pero vivíamos en agradables epílogos desprovistos de los dominios de Aphrodite y su descendencia y yo creía que ese tanto estaba bien, quizá esto terminé siendo más absoluto que los otros cuyos apéndices se volvieron capítulos complementarios del gran escrito.


No quiero abrir y cerrar muchos más libros pero aún quiero tener fe en días más adecuados y lugares propicios para alguna otra historia en algún otro momento con protagonista distinta.


Se vale usar esto para decir que esa herida provocada, aunque abierta y conclusiva por motivos erróneos mucho lamento, había un motivo para provocar exactamente la misma marca y quizá por eso todo estaba destinado a marchitarse en lo que era que ya no lo que había sido -aunque para mi no menos valioso, es más incluso de mayor valía porque podía guardarlo con honestidad absoluta y podría haber durado un tiempo-.