El vagabundo anda con una pesada bolsa negra sobre el hombro, su playera permite mirar cicatrices y marcas extrañas en su espalda, debieran bastar para alejarnos a todos, yo les miro y les recuerdo para escribir sobre ellas, su paso rompe con las formaciones estrechas de gente paseando de aquí para allá, todos reconocen su existencia aunque en sus rostros se nota que preferirían no hacerlo, es un hombre que ha perdido el nombre para ellos y junto con su nombre la historia, una palabra lo define ante sus ojos lo mismo que a otros tantos cuya descripción tiene variables considerables con él.
Yo le miro solo lo suficiente para poder escribir un párrafo al respecto, después igual que todos los otros lo abandono como paisaje urbano, me adentro en los corredores techados, busco atajos en medio de las enormes murallas habitables, no le presto a las marcas del cuerpo de los otros la misma atención, se que hay alguien paseando dos perros en algún punto, un par de personas cruzando un punto de los jardines, todo eso antes de llegar a la fila, no hago por recordar a ninguna persona de la fila, a lo mucho la camisa a cuadros del hombre arrojándose en patineta una y otra vez a unos 15 metros en la mitad de una cancha de baloncesto, la otra mitad esta ocupada por una familia que juega, los árboles me impiden verles demasiado, la espera es larga, omito detalles, el día parece hermoso, el sol le calienta en la medida adecuada, los extensos jardines internos mantienen cierta frescura, el viento no hiela todavía -es posible que este año tampoco lo haga- me da tiempo de coordinar un poco de mi siguiente fin de semana -bastante más atareado-, de notar los silencios y mis fracasos -aunque esos los conocía desde antes- el reloj pasa por la hora marcada y la deja atrás, sería sencillo partir pero creo que me he agotado ya mis oportunidades de retirarme en este laberinto interminable, permanezco quieto esperando el momento de pasar, llega, llega tarde pero llega, encuentro un lugar relativamente bueno dentro del foro, el evento comienza suficientemente pronto, tras los primeros 15 minutos nada me detendría para partir pero no lo hago -podría contarles algo de aquellos minutos más allá de como me esfuerzo en bloquear el auto-foco del celular y decido ir por vídeo en vez de fotos, podría escribir de movimientos rítmicos y controlados y cabello rizado del modo adecuado aquí o extremadamente largo y volando al viento allá-, pero me prometí no hacer eso, aquello requeriría ir a describir personas y talentos que tienen nombres e incluso sobrenombres muy fijos y eso tendrá que esperar o no hacerse.
Así que luces y movimientos rítmicos, una y otra vez, talento notable no solo de donde lo esperaba, me sorprendo en la medida de lo posible, encuentro cierta alegría en pensar en los asombrosos recuerdos que deben tener todas y cada una de las que pasan al escenario, la juventud aún florece -o incluso florecerá- en ellas y debe ser genial recordar estar ahí frente a todos haciendo algo que amas, me hace pensar que elegí extrañamente mis habilidades porque ninguna es particularmente demostrativa, aquí estoy sentado a la orilla de mi cama tratando de utilizar una de las mías, en unas horas estaré sentado en una silla tratando de compartir otra, mirar tanta energía de principio a fin tiene un extraño efecto en mi, debo admitirlo, en algún momento tras escapar para estirar brevemente las piernas y volver mis ojos son incapaces de adaptarse a la oscuridad, por mucho tiempo he sido admirador ferviente de un ciego pero es extraño serlo momentáneamente mientras trato de volver a mi lugar.
El día sigue hermoso cuando escapo, me aseguro de que mis propósitos de viaje sean cumplidos al máximo antes de irme, sonrió de la manera correcta, al menos creo que lo hago -invierto lo mejor y quizá en ese instante lo último de mis energías positivas en ello-, las nubes se ven hermosas, el camino me guarda una muy grata sorpresa, hay un vacío en mi pecho que no se va ni con el inesperado reencuentro, ni las despedidas dulces ni nada.
La velocidad de mis pasos no disminuye, aunque debe ser muy inferior a la que tuve cuando otrora cruce aquellos jardines y avenidas y puentes.
Los domingos a veces tienen una extraña naturaleza que les hace demasiado melancólicos estén seguidos o no de un lunes en forma; creo que una vez no fue así, que durante un tiempo eran más llevaderos pero aquellos tiempos, aquellos domingos se han ido, la noche aún tarda en llegar y permite descansar un poco, esta vez miraré solo la televisión en cuanto la noche caiga, alcanzó a ponerle suficiente atención para entender la trama mientras me preparo la cena, intento ver alguna serie que deje inconclusa en la computadora después, la medianoche casi me alcanza, la semana será interesante aunque agotadora.
Le hablo a ese huequillo extraño que tengo detrás del esternón, le hablo como si fuera un niño y pudiera controlarlo (La verdad es que no es eso): “El siguiente domingo podrás fortalecido tomarme entero y no saldremos a caminar largos trechos, ni describiremos las luces del sol filtrándose a través de ramas y brazos metálicos por igual, no debes tomarme ahora, en este punto no sería útil ni te haría ningún bien”.
Sueño con armaduras que no llegan, de esa manera el domingo muere
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