miércoles, 28 de agosto de 2024

Fantasmas (2017)

A cierta hora de la noche un sonido le traía un recuerdo, un recuerdo borroso pero a la vez suficientemente nítido, elaborado a través de 10,0o0 días y sus respectivas noches y de pronto arrebatado.

A cierta hora de la noche, sentado en un cómodo sillón, las manos en su viejo violín dejaban de tocar y escuchaban atentamente, escuchaban atentamente un ruidito harto cotidiano, inofensivo para muchos, pero no para el, ni para los suyos.

A cierta hora cada noche ese sonidito inofensivo convocaba un fantasma, él no sabía si era uno bueno o uno malo, era un espectro que le dolía en los dedos acostumbrados a la dureza de las cuerdas del violín y en el pecho, arribita del corazón por igual.

Sonreía y lloraba, vinculados estaban aquellos dos sentimientos, las notas después de ese punto de la noche se escuchaban un tanto más sombrías en el violín y la mañana no lograba limpiarlas del todo, de modo que las melodías de cada día eran un tanto más oscuras -apenas un tantito- que el día anterior.

Su talento no le había abandonado a diferencia de su fantasma, su sonrisa tampoco, aún podían verla y escucharla los que le eran cercanos, en su habitación ahora compartida por momentos con un fantasma y llena de recuerdos a la vez gratos y dolorosos permanecía, como solo permanecen los verdaderamente valientes en lugares que están definitivamente encantados por el tipo de presencia que puede a uno lastimarlo más.

A veces por las mañanas durante un instante lo olvidaba, era bastante comprensible, pero más para bien que para mal era capaz de recordar que le acompañaba solo un fantasma al despertar y quedaban varios jóvenes vivos que le escucharían tocar y cantar en cuanto abriera las pesadas chapas y se sentara bajo el viejo roble como lo hacía desde hace tiempo atrás.

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