Los volcanes púrpuras y la tarde se muere.
Los caminos poco a poco saludan a la noche.
Los que caminan se esconden, los que cenan se detienen a oir el crujir de la madera.
El sol se va, y puede que nunca vuelva.
La Luna llega tímida en su realeza.
Ruidos nocturnos, el agua lejana, los grillos en las esquinas.
El hablar del borracho, el andar de los perros, los tejados bajo los gatos.
Las estrellas lejanas, los amores perdidos.
Caballos, gallinas, todo se empieza a quedar en silencio.
El hombre viejo se acuesta, le cuesta el tumbarse en el viejo colchón.
Sus manos le duelen, sus ojos le hablan a la misma Luna.
Su rostro se guarda todos los años del mundo, las alegrias y las tristezas.
Los actos buenos, las decisiones precipitadas.
Yo le recuerdo. Sus ropas jamas elegantes, su sonrisa nunca opaca.
Los dientes vividos, el sombrero a un lado de la cama.
El foco rojizo, la casa humilde, el cafe delicioso.
La anécdota de las lagartijas grandes que se parecen a mis muñecos.
La voluntad para cargar lo que a mi me pesaría.
El acento extraño.
Los ojos que no acabe de comprender.
Las manos gruesas, testigo de trabajo duro, de una larga vida.
La Luna me lo recuerda aqui lejos donde la noche no tiene bestias y los autos zumban.
El agua no canta, las hojas no mecen.
Viene la noche, noche especial, noche de año nuevo, poco alboroto, pocas personas.
Cena adecuada de claro, pero no le recuerdo ya.
Pelicula cubana. Un protagonista es un perro, pero no habla y no hay tal como niños en la historia.
Chistes que intento, que no me salen que no hacen eco.
El hombre se sienta. Alaba el producto visual, se queda atento.
Le he visto tomado, le he visto cantando, he visto los cuadros que pinta, los cuartos que habita.
Mascaras extrañas y espadas gratas.
Letras de su mano, revistas me ha otorgado, En su jardin he encontrado mi propio indio guerrero.
En su patio mi primo me ha entrenado para ser Jedi cuando tenía 7 años.
Recuerdo mucho de las cosas que le pertenecían y poco del hombre en si.
Su relato acaso le vuelve en mi familia a mis héroes el mas cercano.
Libro la muerte una vez y lloro a un compañero me han relatado.
Me ha insistido que cante no se en cuantas ocasiones, ahora frente al nuevo teclado...
Me parece que así sonrie, como si el lo hubiera provocado.
No le he buscado, deseaba grabar una palabra suya, no soy yo quien le ha dicho pero el mismo las ha grabado.
Ha permanecido, se ha quedado. Le sueño a veces. Le siento de modo extraño. Mi abuela le llora algunos días, me jura que esta aqui, que le procura cuando me voy.
Hombre de curiosos errores, como los errores que provocaron mi existencia. La noche de año nuevo me trae su presencia.
Mirando, mirando por la ventana maltratada, la calle vacía, los perros andando, se me forma un camión de basura. Se me forma un recuerdo borrado. Me siento niño caminando, llegando, saludando, me siento joven respondiendo aun con cierta gala de mi estado, me siento de nuevo contestando solo por contestar que estoy bien, que la escuela sigue en rumbo. Que nada extraño ha pasado. Me parece de día siempre de día. Mis rumbos son tantos, su ropa siempre la misma, sus palabras cordiales, pero se ha esfumado. Nunca le dije, “Ella es mi novia“ el tiempo le borro en el momento indicado para que no pudiera. Cargue sus botes unas tres veces, Estreche su mano, salude a su hijo, pregunte por el, lamente su muerte. Y ese acto cotidiano de tirar basura me lo recuerda, espero no se sienta indignado.
La puerta fría me recuerda el timbre temprano, siempre despertando, me recuerda el viaje a las 5am, cuando yo tengo 13 años. El pueblo pequeño, todo montado en un cerro, el salón con la misma melodia repetida varias veces. Me recuerda la misa anual cuando tal evento me veía asistir, me recuerdo un yo distinto, un dinosaurio de mercado, la construcción del metro elevado, un concurso de loteria, la soledad en que me quedo cuando mi abuela va al funeral, las palabras que trae sobre su muerte, los medicos miran como los ciclopes que su hora se acerca. se sientan y como los reyes de Gondor la esperan, se quedan dormidos.
Yo recuerdo mas, algunos fantasmas mas, algunos familia lejana, otros la misma edad. Casas que ahora son de fantasmas, heladerías que les dejan pasar. Huevos de cristal, decoraciones múltiples, un reloj transformer perdido, un rompecabezas de Kitty. miradas oscuras, personas distantes, oscuras piezas, complicadas habitaciones, escaleras frías, patio trasero con plantas pequeñas, y un andador que parecía una selva en mi temprana edad. Recuerdo trampas en la clase computación, anhelos de tocar violín, el gusto de un amigo mio, el calificativo de “Planta“ en un chismografo, la noticia el día después de mi cumpleaños 14 de que la gente puede morir de mi edad.
Se abre la noche, se abre otro día. Cuantos fantasmas no nacen? Mientras armo este catalogo de los propios. Los fantasmas nos temen o nos cuidan? Les miramos porque lo necesitamos tanto, o porque ellos lo necesitan? Cuando no queda cuerpo en la tierra ya no queda espíritu entre estrellas?
El manipular esta computadora me vuelve diferente a ellos, si a fin de cuentas ahora solo soy todo memorias. Es el frio que siento en los pies? No es mi corazón latiendo, eso es solo carne moviendose, y uno se vuelve mas que ello, pero el ser mas que carne acaso nos libera de que la carne aprisione “eso“ y le de fin absoluto con su propio retiro? Si es tan sencillo porque hablo de fantasmas? Sino son en lo absoluto los que no tienen cuerpo. Porque Juana es y Ludwig es. La mortandad absoluta depende de la vida de las ideas que son lo que somos mas allá de los huesos. Del valor implantado a los nombres. Del intento de describir a la Luna y la noche en terminos que poco hablen de ella.
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1 comentario:
Ya ha nacido otro muerto esta madrugada...
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