domingo, 14 de febrero de 2010

15th

El quinceavo día de un mes cualquiera inicia pronto, con un espasmo inusual de tos, con la luz que tanto fastidia mis ojos.
Tantas cosas que son ahora que no habían sido en el compendio del tiempo que he vivido: la luz que solo se transmite en los ojos.
La sensación de un poco de frío, ruidos extraños, no se siente tan oscuro.
Brazos pequeños alrededor, pirotecnia, no se siente la multitud del evento.
Pasos lentos, silenciosos, los ruidos continuan, recuerdo la noción de lo que solía celebrar ayer.
La rata huye, como siempre, sorteando todas las trampas, llenando de orgullo a Nate Drake. Ternurines y el jugar no solo en la oscuridad. Recordar lo que ahora tiene sentido de ayer.
No es porque tenga que comprar mil cosas, ni porque sea de la mayor diferencia, es porque halle a quien se emociona mirando los ganchos dobles en demostraciones de Kung Fu (Y pronto, espero que pronto veas porque me emociono el doble el eco de Boromir resuena en ello) que puede mirar no de raros sino de curiosos los trajes mas coloridos, y odiar aquellas regionalizaciones mal planteadas. Alguien que mire con gusto de mirar que muero una y otra vez por obtener las llaves. Y que sabía de persocoms antes que yo. Pero a la vez mi magnifico descubrimiento gusta de los mamiferos pequeños, de mucha mas música que yo, de películas sangrientas que me harían rodar por el piso cubriendome los ojos, no cree en lo que yo creo, y juzga de raras mis ocasionales oraciones. Ella no es, no es solo lo que yo mismo soy, y yo no soy solo lo que ella querría ver. Es ese caos, esa aproximación inexacta, ese sistema de incognitas desbalanceadas las que provoca que la luz en los ojos de ella no sea la luz en los mios, pero que reflejen mejor el rojo y el verde de la pirotecnia china.

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