miércoles, 3 de febrero de 2010

Moonlight

La noche nublada no deja ver las estrellas, pero la Luna prevalece en los vientos invernales. Los grillos y las ratas se apropian de la noche, con sus andares y sus cantos, robando a los hombres su espacio, su dominio tan orgulloso. Los pasos escasos provocan ecos. La ciudad sumergida en la niebla del sueño. Las sombras toman sus formas y sus deseos, y armados de ello provocan a los arboles a crujir; crujir con tan singular lamento. Y La Luna condenada observa desde lejos, aquella noche, como otras tantas. Donde el terror se apropia del viento.

Pero prevalece la Luna cual solo ella puede, mirando al vacio oscuro del mundo. pensando en su propio final, lejano para los habitantes del azul globo, pero para ella es solo cuestiòn de tiempo.

Los ha visto crece, desde las ramas caer y arrastrarse a los agujeros del mundo, saliendo conocedores de las sombras, del lenguaje y crear. Crear tantas cosas como las que destruyen. Les ha visto todo el tiempo, adorar a los que sacrificaron, traicionar a los que veneraron. Pero un dìa dejara de estar allì fijandose. Esa cara medio perversa, estrellada de cohete por el ojo derecho...se ira, y sus paseos habran terminado.

Pero prevalece sabiendolo, como pocos prevalecen al hacerlo. E ilumina a los amantes en los balcones altos y a los mendigos moribundos en los callejones turbios.

Poco interes le encuentra a lo que es cada uno, en su paseo sereno ha visto desaparecer a tantos, los reyes igual que los siervos.

Mira a los habitantes otros del mundo, aquellos que por dicha extraña no son sino instrumentos de esos hombres, todos los seres que no pueden crear, aquellos que no le han nombrado y para quienes no es sino una lampara en la nocturna supervivencia.

La Luna mira sin ojos, llora sin ellos.

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