En el aparente mes tematico de la muerte quise escribirte esto, ahora que la muerte te ha tocado a ti.
Caminamos meramente para caer, y de una caida no levantarnos.
A veces nos tiran, a veces nos arrojamos al piso, otras veces simplemente nos tumbamos a dormir al fin.
Andamos sin entender el porque, y como ya he contado, creamos fines y objetivos.
El que nuestras huellas y pasos vayan mas allá de nuestro recorrido parece ser el mas justo.
Pero andar en dorado calzado es uno mas socorrido.
El acto de la caida no esta en nuestras manos, es un orden aleatorio mas entre las causas extrañas que mueven el reloj imaginario que contiene la maqueta que cruzamos.
Aquellos que ponen el cuerpo caido fuera del sendero, eso es una resulta de los caminos que cruzamos, los pasos que apoyamos, las indicaciones que dimos, a aquellos que perdimos y a los que encontramos.
Algunos lloraran al dejarnos de lado sin saber porque, otros no lloran, pero nos dan una palmada en el hombro que entendemos como un respeto que no acabo de ser expresado.
Podemos llorar a quien vimos solo a lo lejos en montañas de exito e inspiración y dar la palmada a los que día a día nos cruzamos.
Es un destino curioso, pero como podriamos saber como lidiar con lo que nuestra raza misma no ha podido descifrar?
Sabemos que el corazón se va y que no queda electricidad en el cerebro, pero es dificil el comprender como detiene eso lo que fuimos.
Permanecemos en la electricidad de otros cerebros cual pequeños Electros.
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