jueves, 4 de febrero de 2010

The never ending rain

Me despertó el ruido del agua sobre el viejo tejado.
Me acompañó todo el día, me impregno de su empatia, me sacudió con sus gelidas caricias.
Me susurro para andar bajo su cobijo, que todos los demas ven de molestía.
Me beso los pies mientras andaba por riachuelos en el subterraneo.
Me recordó de los días grises que quedaran hasta el colapso del todo.

Y yo le recordé los paseos de juventud en las oxidadas vias de tren, en los mercados ambulantes donde me le escondía.
Pregunte sí escuchó los gritos y los llantos, y los golpes desesperados, allá cuando el mundo me sobrepasaba.
Sí valían las tardes en que bailaba bajo ella; con automovilistas gritando obsenidades a mi locura.
Vi mi locura pasada en sus gotas, y mi juventud de otrora, ví las simplezas que me hicieron reir, y las causas de efectos que la lluvia trato de ocultar en mi rostro.

Cuando la lluvia se detenga, acto que aun no ha decidido; me evaporare con sus rastros hasta las tardes tormentosas de verano.

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