jueves, 25 de mayo de 2023

Una memoria que no me pertenece. (2020)

Sus manos temblaban -porque habían transcurrido a través de una inmensa cantidad de tiempo- pero creaban a pesar de ello.

Eran capaces de trazar atardeceres con textura, de formar pesadas piezas que cobraban formas naturales e imaginarias por igual.

Una voz permanece en mis recuerdos y voy a llamarla para escribir personajes lo que me quede de tiempo.

Reconozco la maldad intrínseca en mi persona, llegué a aferrarme a este recuerdo externo, que no me pertenecía, al que no tenía derecho mucho más que a muchos de los que si provenía, a los que les he dejado con perpetuas deudas.

Llenó por un tiempo y en parte mis tremendas ausencias y nunca lo dije, no me enseñaron a hacerlo.

Me prometí que le compraría pinturas, que mostraría las piezas en cuya construcción me auxilió, que trataría de demostrar con actos la importancia del recuerdo que siendo de otros yo me había apropiado.

Fallé, aunque mi conexión inicial fue ciertamente terminada nunca se cerraron los caminos pero yo como todas y cada una de las veces no supe usarlos.

Tengo un lápiz en la mano y la sensación persistente de que no se como honrarlo.

No por ella, ni por el joven que tantas veces me ha auxiliado en mis pinceladas de luz a las que aún les falta trazo preciso sino por mostrarme el mismo -ya no digamos con su sangre a quien siempre tendré en alta estima (aún sino quisiera, aunque a veces duela)- que el arte todos los años y en todos los tiempos puede ser -para los afortunados, los afortunados pocos, los condenados pocos- el correcto camino.

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