Ella llegó de Venus cuando aún yo era pequeño, no de nuestro Venus, pieza de metal y gases toxicos inservible para la vida, sino de otro Venus, en otro sol, uno de esos planetas que insistimos en bautizar XR-5203 o algo asi; puesto que se nos murieron los dioses antes de que llegaramos a bautizarles.
Su piel era rojiza, sus ojos extraños, pero fuera de ello tenía la forma de una humana cualquiera, de unos 15 o 25 años, no se, me parecía mayor la primera vez que la vi y joven cuando volvío en mi adolescencia. Sonreía como nadie más, su ropa era extraña pero podía conjurar aquí y allá ropas de nuestro estilo sin mucha dificultad.
Llegó de noche y nunca vio a otros, fue mi amiga imaginaria en la infancia, aquella con la que me perdí en el bosque, dijo que dormiría y nos veríamos cuando despertara, yo le creí espere toda mi infancia por ella, hasta que cuando le había olvidado volvío, radiante, sin lucir un apice de 200 de sus 230 años, fue mi amor secreto cuando la fiesta de graduación había terminado, bailamos bajo un cielo oscuro, me mostro algún resto de su nave perdida en otro tiempo, se fue al amanecer pero ya no prometió volver de nuevo.
Mi vida entera paso y supe que la suya no, nuestro planeta y el suyo giraron, eso si, el tiempo le cobro facturas aunque por mucho más pequeñas que la mia.
Guarde un tonto tornillo todo este tiempo, cuestionando mi cordura cada vez que me pinchaba los dedos con el.
Quien sabe, puede que aún vuelva, las tragedías no terminan en el segundo acto según se.
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