sábado, 22 de abril de 2023

365 -NUMBER LOST- 2018

La numeración esta perdida, empecemos aceptando eso, han pasado casi dos meses sin que escribiera nada, este es un pequeño gusto referente al día de hoy.

Camino más lejos de las tierras de los licantropos y los ríos infestados de sirenas.

Anduvo demasiados días y bastantes de sus respectivas noches. No le costo entender que no estaba haciendo aquél viaje por doncella o promesa o encargo alguno, no le costó entender que no tenía motivo para hacerlo pero tampoco pretexto. Alguna vez aprovecho un caballo que se cruzó en su camino, disfruto del ritmo frenético del animal corriendo desbocado.

La última parte del viaje eso sí la hizo a pie, cuando pudo al fin divisar al dragón iba a pie y su armadura pesaba, la espada se veía pulcra, había olvidado cuando fue la última vez que se había alimentado, alguna energía impulso su cuerpo y sus brazos para cruzar las laderas que faltaban, para escalar los peñascos que tenía enfrente.

Hasta que miro al dragón, aquel animal digno de volverlo una leyenda, leyenda misma, imponente, aterrador, hermoso, no le alcanzaba la ciencia para hacer algo más que enfrentarlo y una vez que le enfrentase quizá le alcanzarían las fuerzas para dominarlo y acabarlo pero solo a un alto costo.

Si el dragón moría y el vivía seguro podría retirarse tranquilamente a contar sus historias en una cantina y por un tiempo nadie dudaría de ellas, pero el tiempo y los que no hubiesen visto volar en el cielo a aquella bestia vendrían y con duda mermarían la leyenda, permanecieran partes de esta o no...

Si el dragón vivía...

Y en ese momento la criatura descendió y se poso frente a él, le miro con cierta curiosidad y quizá no poco desdén, enormes ojos de vidrio le mostraron su reflejo perfecto; una barba que no recordaba, un rostro cubierto casi por completo de polvo y el cabello volando aún altivo a pesar del peso adicional que el viaje le había conferido, una sonrisa entre la barba y el bigote desconocido.

“Firaga” alcanzó a decir mientras levantaba la mano frente a la bestia.

Una flama brotó de su mano y se elevo a través del viento.

Si acaso los dragones podían reír, aquel dragón lo hacía; levanto su cabeza y exhalo, una enorme flama rodeo a aquel guerrero que soltó un hechizo y otro más a los que el inmenso animal frente a él respondió en forma ahogandolos en fuego, en suaves movimientos el guerrero logró rodear a su compañero de juegos, alcanzó a subir a su espalda y le permitió arrastrarlo a donde quisiera, a los vados olvidados detrás de su guardia, a los cálidos montes desde donde el fuego en que los dragones nacieron aún brotaba.

Si acaso el dragón vivía y el le seguía en la espalda cual signo de un poder que los otros hombres con su animagia y su simpatia primigenia aún no comprendían del todo...

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