Mientras doblaba la ropa llegó el turno de esa pieza nueva que había adquirido líneas de pelusa en la lavadora, las desprendí cuidadosamente, sonreí...
No estaba seguro de a cual de mis versiones pasadas le sonreía, pero se que deseaba esa playera desde hace mucho tiempo y ahora finalmente tenía una versión decente.
Estaba tratando de hacer las paces con ciertas ideas, sobre como miraba hacía atrás aunque al pasar el impacto inicial me era fácil mirar de lejos sin un dolor opresivo en el pecho.
Sobre como el futuro era tan incierto como podía serlo, sobre como mi mayor esfuerzo no bastaba para la fama más pasajera que buscaba.
Sobre todas esas canciones que se me ahogaban en la garganta, que debían cantar los jóvenes y no las personas como yo.
Evidentemente había detenido una labor domestica para entregarme a la escritura que no llevaba a ningún lado pero que quizá bastaría como registro de mi existencia por algún tiempo.
No creía -sistemáticamente- que eso fuera suficiente, pero por hoy al menos se sentía correcto.
Algunas preguntas se habían quedado sin respuesta por siempre, algunas respecto a los protagonistas de las historias de mi abuela, otras de distinta índole.
La brisa vespertina parecía adecuada, me acercaba a la mitad del camino de mi vida, estaba lleno de tropiezos y fracasos respectivos, pero al menos no había perdido ni toda la luz ni toda esperanza, mañana intentaría una vez más obtener mi gloria que lograse no ser efímera, la historia que quisiera contar.
Hoy dedicaría palabras adecuadas a las personas erroneas que quedaran alrededor, no a las que se marcharon, no a las que quisieran entrar y no lo harían, sino a las que ya estaban ahí rondando mi mente aunque no debían.
Mi yo de hace 11 años se sentiría extrañado con todo lo que ocurre alrededor, excepto con la playera extraña que alcance a terminar de doblar.
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