Hay dos silencios, uno que se conoce y solo se espera su aparición a manera de vacío, de un montón de helados en el lugar incorrecto como denotándolo, el otro es previsible en menor medida, es signo de cosas distintas pero igualmente importantes.
Hay lo contrario a un silencio, con la cordialidad adecuada, diría que en este caso una sonrisa es lo contrario al silencio, no es más que eso pero tampoco es menos.
Hay un tercer silencio cuya naturaleza se desconoce, es el que se convertirá en voz para el futuro.
No me enfoco en los silencios aunque este texto así lo aparente sino más bien en todas las sonrisas, en las siluetas que se aparecieron más allá del sendero que empezaron profundos pozos que deben abandonarse a su modo.
Esta no es una cura, todavía no, pero empieza a serlo.
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