Oh desdichada suerte!
Infame furia, maestra del destino
Por un momento, un momento que parecía interminable
Aquel soldado, tenía un nombre por supuesto,
-pero esto no es la Iliada y muchos nombres han sido olvidados-
dominaba una carga de enemigos
y con empeño agitaba aún escudos pertenecientes a héroes con nombre y abolengo.
Y una flecha pasaba de lado, golpeada por el casco mientras volaba imperfecta y se estrellaba en el piso
junto a caidos y sangre y entrañas.
Más desdichada lanza, artefacto del destino humano.
Clavada bien profundo entre el cuello y los hombros.
Allí por donde más rápido escapa el alma.
Batalla que continua, como siempre, mientras sus participantes aquí y alla muerden el polvo.
Y la carne expuesta revela, recipientes que han quedado vacios de su contenido valioso.
Y los sonidos de lanzas estrellandose -en ambos, armaduras y escudos
pesados, así como en suaves carnes y entrañas- continuan allá a lo lejos
Es un sonido absurdo para escuchar mientras el alma escapa.
En medio de la llanura ya no tan verde.
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