Sobre las azoteas el diablo paseaba, cuidando más nunca observando...no desde hace un tiempo.
Guardián más que enemigo, juez eso sí, mano izquierda de un Dios que a través de él al menos existía, en aquel mundo dentro de su mundo.
Entre los edificios la araña se columpiaba, la culpa fortalecía sus telarañas, venía la lluvia y la tormenta una y otra y otra vez, las sobrevivía y volvía a tejer, esperando que la culpa bastará de cemento y escudo que permitiera proteger en el futuro lo que equivalía a lo perdido en días anteriores.
En las sombras “ellos” si observaban y protegían al mundo que no les daría las gracias, esperaban de aquel acto una especie de revelación, un cambio que en incontables días no recibían, entre ellos perdieron el rumbo y encontraron algún otro, extendieron su mano de sombras y también la vieron casi desaparecer.
...Las historias crecerían, crecerán más allá de nosotros, ese es motivo justo y suficiente, esa es suficiente eternidad...
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