Tomo tu mano para pedirte que no te vayas.
Se que eso no cambiará nada, que las noches que miramos las luces reflejarse en los charcos de la lluvia de verano han llegado a su fin.
Estoy consciente de que el camino termina aquí...o terminó hace un par de horas, lo demás es un epilogo por fuerza imperfecto, los caminos se derrumbaron ya detrás de nosotros por incomprensibles motivos como en aquel juego.
Pero el decirlo, el articular esas palabras es el modo que encuentro para decirte esas otras palabras que no debo decirte nunca más -que no se cuando seré capaz de pronunciar de nuevo- y cuando suelto tu mano se que no voy a tocarla otra vez, de un modo y otro y otro, se va a desvanecer, aún si la encontrase de nuevo y mis fijaciones cedieran -y las tuyas pudieran- para tocarse de nuevo, la suavidad que hallase en ella sería distinta -distante, ajena-.
Así que al decir y hacer todo esto que en nada puede evitar el destino que nos espera simplemente me despido de la manera que me queda de la persona que va a desaparecer a través de rutinas nuevas y distintas, a través de infiernos y cielos que permanecerán incomprensibles para el otro...
Es decir, tomo tu mano para pedirte que no te vayas, pero creo que estaba tratando de estrecharla para decirte adiós.
miércoles, 10 de agosto de 2022
Despedida
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