El verano reposaba en algún lugar en valles lejanos más al sur.
La misión que le incumbía llevabale lejos, poco a poco en el oeste, siguiendo las lineas del mar y recibiendo las peligrosas canciones de cuna del mar por las noches.
Aquel hombre portaba ropas gastadas adecuadas para un viajero como el precisamente, y es que ¿Acaso hay otro modo de imaginar a un viajero misterioso, en importante y secreta jornada que con ropas oscuras largas y viejas y capucha pesada y verde?
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