Relatos desde el Exterior en otro probable Fin del Mundo.
La última vez que estuve allá afuera y la Ciudad no era un territorio fantasma...
No, estoy mintiendo, hoy mientras iba al trabajo el metro era todo menos un tren fantasma;
era un montón de olores que yo no percibo y el calor conjunto de montones de personas y la textura de los guantes de uno entre todos los pasajeros, era el momento en que la luz no se ha presentado para pintar la cotidianidad pero en que la oscuridad no permite ya esconder
nuestros rostros aburridos y desencajados.
La última vez que estuve en una Ciudad invadida por el invisible espíritu de la normalidad
-eso suena mejor- mire a personas bailarle a la lluvia, dicen que la trajeron con ganas en los territorios al sur, me pregunte porque pedían lluvia si los días de lluvia no han llegado todavía.
Lo deje pasar aunque no realmente, sus tambores me invitaban a danzar;
sino a marchar y morir por algún Dios que desconozco.
No creo contar con Dios alguno en mi catalogo de amigos de WhatsApp ahora que lo pienso.
Aunque le escribo constantemente a varios.
Ahora la Ciudad es Fantasma a medias, Zombie resucitado a medias, esta incompleta.
La he visto incompleta, se lo que les digo, las flores de jacarandas no caen completas de los arboles y los charcos solo cobran forma en la mitad de los agujeros que les hospedan.
Estuvimos esperando este momento todo el tiempo pero no estábamos preparados
para cuando llegó, no nos permite cantar nuestros cantos,
ni definirnos en heroicos grandes actos, al contrario, exige que los heroísmos sean sobre anónimos silencios, perpetuos encierros, nos coloca con nuestro peor enemigo en nuestros cuartos, tenemos que soportarle todo el tiempo durante mucho tiempo y sus oscuras voces
y sus más atroces actos que por supuesto son nuestros más atroces actos.
Cantamos -no, ustedes cantan, yo no le canto a nadie- suave a los que nos son cercanos
aunque no estén cerca, escribimos para que la historia de nuestra cuarentena enseñe
algo a los que son muy jóvenes para recordarla en forma.
Trazamos letras desesperadas desde todos los sitios, preservamos nuestros relatos, nuestra humanidad puede preservarse a través de ellos.
Miramos las noticias y queremos creer que hay algo que preservar que no tiene que ver
con el miedo que ahí se expresa. Se que yo si.
El tiempo le dará la razón a alguien, la humanidad puede tenerla, espero que la tenga,
pero no en su conjunto absoluto, no cuando los miedos le ganan,
no cuando niega la armonía -a veces violenta- con las otras naturalezas que habitan el planeta.
Trato de expresar mis ideas, las unas se enciman con las otras, el caos me invade,
ya me había invadido antes, la suma de todo es quizá menor que sus partes,
estoy consciente de esto y aún así les permito ver la luz del mundo que no acaba, porque el mundo no acaba, solo podemos acabar nosotros.
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