Tras aquél sueño no habría tenido que dormir más creo yo, su fin, cualquiera que fuera me despertó, porque no podía ser mejor ya, porque como buena historia sabía como llegar a su final.
Que sueño! Que hermosas construcciones jugo mi mente, allí donde la idea de ella era vaga pero su rostro claro y había estrellas y había ceguera para enmarcarlo!
Pensándolo ya, recordándole ya despierto creo que el cabello no era el correcto en aquellos momentos muchos en que su espalda estaba sentada.
No era un sueño de aquellos que contaría cualquiera, enfundada de blanco en un salón grande pero viejo y con mucha compañía era una Beatriz muy particular en mi infierno (gris con los colores erróneos -aunque cada vez menos- y en una cierta montaña) más personal, algún nombre que me es harto conocido aparecía de villano invisible y mis males que en realidad fueron por lluvias eran mezclados con otros que el gentío provocó para llevarme a ella.
Me juraba cosas tantas, de amor ninguna y dejaba que le besara una mejilla!
En ese mundo y en este eso me bastaba y entre más lo pienso más quiero dedicarme a las letras para dedicarle epistolares completas. Y que baste el orden de suficientes palabras por aquellos besos que en la frente o en la mejilla no podría darle, más allá de ellos como no debo no le daría para no incomodarle de modo alguno.
Como habita mis sueños, como a veces los camina, domina allí donde nadie más puede; donde quizá deberían, esos sitios no le pertenecen a Morfeo sino a ella, a la idea de ella que irónicamente dos veces en lo que va del año fue descrita de modo similar por mi primero y luego por una mujer harto más experimentada.
Por las noches me gana tanto que desespero y sueño los lugares correctos con ella, correctos por el mero hecho de que se digna a presentarse en principio.
Volví a dormir eso si, no soñé más con ella sino que jugaba un complejo videojuego y que me ganaba el niño que empieza a dejar de lucir como niño; bastante más idílico, sin infierno que rodease, un buen sueño también, este sustentado bastante más en la realidad que trajo el día y traje yo y mis actos.
Pero es que como Beatriz tocada por la luz de las estrellas del modo irreal en que se convertía en la imagen sonora de una Elektra...ella tenía que habitar mis infiernos, es curioso que el inconsciente fuera capaz de construir ese tanto...
¿Depende de mi o de ella sacarme hacia los purgatorios y al incierto cielo que después esperan?
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