Llego Diciembre, llego con frío.
No se ha llevado todo, pero lo ha dejado marchito.
Los surcos de piel similares a los de un árbol abatido y mayor.
En ellos aparecen las formas de mi miedo, constante, pero que quiero creer podré enfrentar.
No se si ganador o vencido.
Llego Diciembre y no solo se va el año.
Pero lo que se va, se ha estado yendo por tanto tiempo que ya casi lo olvido.
Allí, guardado entre marcas de piel muchas, más allá de esos ojos que se han desgastado cual estatua antigua...
Allí esta el rostro de un recuerdo, tan lejano y distante ahora que me costaba percibirlo.
Las memorias a las que me aferro yo y solo yo de este lado, aunque dos o más estabamos cuando se acomodaron en su sitio.
Veranos, veranos lejos, de esos que no vuelven, antes de que un extraño monstruo me tomará el cuerpo y algo oscuro inyectara, por vez primera más no por última y me hiciera resentirle, sin entender nunca que le resentía en primera instancia.
Veranos apenas un poco más cercano, luego de que su ausencia notará y admitiera como aceptable, veranos de Guerra y mi corazón en dos dividido, lo correcto no era su postura, yo era egoísta y creía que algo de ello saldría, que ganaríamos de vuelta a mi madre, que otro camino podía volver a ser transitado por sus pasos, en praderas lejanas al sur a las que nunca volver dictaba el destino.
Los primeros bajo lluvias torrenciales, en casas en medio de amplio campo y un programa repetido en exceso, los primeros en el bosque atardeciendo rodeados de mosquitos pero encontrando el camino, fuerte la mirada y fuertes los brazos y los mios correctos para ayudar y ser ayudados.
Los segundos, a veces gratos, caminando detrás del mercado distancias enormes entonces, intransitables del mismo modo ahora, cortisimas ahora, otrora ingratos, desesperados, aterradores, claustrofóbicos, indecisos. Los segundos a veces gratos por el mero acto de oprimir un sencillo botón y no más.
Actos ingratos míos suficientes después de ello, un enojo que explicar no puedo.
Piedad aquí y allá, recuerdos buenos aquí y allá aún desde entonces.
6 años de los últimos viajes, largos aún, prudentes aún, menos incluso, caminata en el centro en el verano del 2012, integra aún sobretodas las cosas. poco después nada, a modo que el relato que repetía fuera de tiempo y contexto parece un mal harto menor.
Un tío decía que repetía desde antes, pero repetía de un historial bastante más amplio, de un breviario del que guardo paginas en mi cabeza para construir la historia de lo que soy bastante antes de que fuera.
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